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Apuntes

El misterio del inspector Goole

Josep Maria Pou

No me gusta utilizar este espacio para hablar de asuntos personales ni de aquello que me sea muy cercano. Si levanto hoy la veda es porque quiero hablar de un hecho que me intriga, y porque mi implicación en el mismo está tocando a su fin.

El pasado 30 de diciembre, mis compañeros de reparto y yo interpretábamos por última vez, en catalán y en Catalunya Truca un inspector de J. B. Priestley. A la producción le espera todavía la gira por España, pero la explotación catalana ha llegado a su fin tras 11 meses de éxito. Fueron cinco meses de llenos continuos en el Teatre Goya, y luego la gira por teatros catalanes con una media de ocupación cercana al 90%, sino al 100%. En medio, una incursión de cinco semanas en Madrid, en castellano, alcanzando cifras de espectadores que todavía no han sido superadas por ningún otro teatro de allí (musicales aparte; obvio es) en lo que va de temporada. Las cifras cantan y el éxito ha sido -es- objetivamente demostrable.

Y aquí viene la pregunta que me obsesiona desde el momento en que, hace años ya, decidí comprometerme con esta función y empecé a documentarme al respecto: ¿por qué un texto como este -obra capital del teatro del siglo XX, ejemplo magistral de carpintería teatral, con una historia que atrapa, con personajes a los que pocos actores pueden resistirse, y que gusta a públicos de todo tiempo, lugar y condición- no había tenido, aquí en Catalunya, ninguna producción profesional hasta ahora?

Nada en 60 años

Se representó por primera vez en Barcelona en 1951, en castellano, en el entonces Teatro Comedia, por la misma compañía que la había estrenado en Madrid, y desde entonces no volvió a subir a ningún otro escenario comercial de la ciudad. ¿Por qué? ¿Cómo es posible que a lo largo de 60 años -¡60!- ni un solo empresario, actor, director, promotor, etc., del teatro profesional catalán, tuviera interés en esta comedia que, por otra parte, reunía todos los requisitos para una inversión modesta, de poco riesgo y de éxito previsible? Inexplicable. Cual sabueso, busco e indago. No encuentro razones.

Una pista quizás: Truca un inspector ha sido y es una de las obras más representadas por los grupos de teatro amateur de este país. ¿Es posible que, por una vez, el profesional sucumbiera a la iniciativa del amateur (del amador) y reconociera en él el derecho al amado? Es posible. Y además de posible, creíble y aplaudible. Pero solo posible. Las líneas de investigación siguen abiertas.

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