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HISTORIAS DEL EXTRARRADIO BARCELONÉS

El 'flâneur' Pérez Andújar

El autor dirige una mirada lírica a Sant Adrià en 'Paseos con mi madre'

Javier Pérez Andújar, ayer, en pleno Eixample barcelonés.

Javier Pérez Andújar, ayer, en pleno Eixample barcelonés.

ELENA HEVIA
BARCELONA

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Entre la justicia y su madre, Albert Camus prefería a la segunda. Una decisión a la que a buen seguro se apuntaría Javier Pérez Andújar, hijo de andaluces depositados en Sant Adrià por las oleadas migratorias de los 60, que ayer presentó su último libro, Paseos con mi madre (Tusquets). Lo hizo en el estudio de su colega Emilio Manzano, en la Barcelona burguesa que nunca ha sentido como suya, donde, sin embargo, vive desde hace 20 años y donde en sus años universitarios solía despertar las sospechas de una policía que veía en él a un potencial quinqui.

Heredero de Los príncipes valientes, su debut, este libro confesional y memorialístico es un paseo literario entre el pasado -los años 80- y el presente, no únicamente por su geografía natal sino también por otros lugares del extrarradio barcelonés. La técnica del paseante que observa y medita, del flâneur, la acuñó Baudelaire allá por el siglo XIX y Pérez Andújar la traslada de los bulevares parisinos al Polígon Gornal, Badia (o Ciudad Badia), Ciutat Meridiana o Sant Roc. «Mi Versalles es Sant Adrià del Besòs», afirma entre orgulloso y resignado. El libro hilvana una serie de paseos poéticos, y como para atestiguarlo Pérez Andújar aporta pruebas, sus propias fotos. Ahí están las chimeneas de Sant Adrià, «Chérnobil,como llaman a esa zona», o esa otra donde se lee «Viva Gaza» y que podría muy bien situarse allí sino se leyera también «Peluquería Pilar», sin menospreciar esa  imagen de una vecina en un bloque que adorna la portada.

Así que en esa geografía a lo Biutiful no es raro que el escritor reivindique su intención política y ahí, entre otros fantasmas personales-algún amigo perjudicado por la droga-, aparece el espectro de Pasolini, uno de sus referentes intelectuales y alguien que cómo él también se paseaba a sus anchas por las zonas más degradadas de Roma. La política también es un legado de sus mayores. «Esa gente trabajadora que se encadenaba a un banco para que asfaltaran una calle o abrieran un nuevo colegio público, reivindicaciones concretas que ahora que están desmantelando la democracia apenas tienen fuerzas para defenderlas». Y puntualiza que su adscripción política aunque no vinculada a un partido es muy fuerte y «antiburguesa».

HISTORIAS / Hay en Paseos con mi madre viejas batallitas como cuando le echaron de su trabajo de reponedor en un Pryca donde «nunca pudieron montar un comité de empresa» por pasarle un cruasán a un compañero. Era la época de las grandes superficies que como en el cuento El color que cayó del cielo de Lovecraft «se precipitan sobre un lugar y lo destrozan todo». O aquel otro día en el que que acompañó en un Mercedes a Manolo Escobar, «todo un símbolo de mi infancia» surgido de La Salut, «el barrio de al lado».

El juicio de la madre del autor, que a diferencia de la Camus sí puede leer este libro, es sumarísimo:  «Todas esas cosas que cuentas, hijo, yo ya las sabía».