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un poema monumental en EL ESCENARIO

Lluís Soler pone voz a 'Canigó'

El actor lleva al Temporada Alta y al TNC el canto a la patria de Verdaguer

JOSÉ CARLOS SORRIBES
BARCELONA

ciento veinticinco años han pasado desde que Jacint Verdaguer escribió los 4.334 versos de Canigó, un canto épico a la patria catalana y a un paisaje, el pirenaico, que llega ahora a un escenario con la voz de un actor-rapsoda a la altura precisa para un texto monumental: Lluís Soler. El intérprete de Manlleu se ha convertido en un especialista en llevar la poesía al teatro, con colaboradores como el director Antonio Calvo y el músico Eduard Iniesta.

Los tres repiten en este Canigó que llega esta noche al Teatre de Salt, dentro del festival Temporada Alta, después de su estreno en el Archipel de Perpinyà el jueves. La complicidad con Domènec Font, exdirector del Teatre Nacional Catalunya y actual director artístico del centro francés, propició una coproducción a tres bandas, en la que también participa el TNC. La Sala Petita acogerá la obra del 14 al 26 de diciembre.

«El catalán sería sin Verdaguer una lengua de estar por casa, una merda per anar pel carrer», sentencia, con su vehemencia habitual, Salvador Sunyer, el director del Temporada Alta, para situar la altura de la propuesta. «En Canigó hay una dramaturgia escondida que no está en L'Atlàntida», comenta, por su parte, Soler como punto de partida.

REVISIÓN DEL TEXTO / Esa dramaturgia quiere ser «fácil para el oído del espectador» con una reducción del original a 1.400 versos, que contienen todo el espíritu de una historia de fantasía, misterio y luchas. «El hilo argumental es el caballero Gentil, a quien su padre no le dejó casarse con una pastora», apunta Soler.

La revisión del texto, en su traslación a la norma de Pompeu Fabra, ha estado a cargo del filólogo Llorenç Soldevila. «Pero no se ha tocado ningún verso. Algo escrito hace 125 años se entiende con una total facilidad», subraya el intérprete. Antonio Calvo, mientras, destaca la musicalidad de un texto que es «una joya con un poso telúrico, extraño».

TAMBUR Y UKELELE / Tiene tanta musicalidad que Eduard Iniesta casi vio innecesario su trabajo. «Tenía que utilizar una música que no molestara en esa lucha constante entre un mundo terrenal como el de las guerras y el mágico de las hadas».

Iniesta, un hombre de cuerdas, acompaña a Soler con instrumentos tan dispares como un tambur, originario de Turquía y que entronca con la guitarra mediterránea, y el ukelele. «El objetivo es hacer volar el texto», dice. Algo que corrobora el protagonista. «El verso te da seguridad y es un partitura que has de tocar como dice el poeta».