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El gran reconocimiento de las letras hispánicas

Parra, el antipoeta, conquista el Cervantes

El autor chileno, de 97 años, recibe por fin el prestigioso galardón

ELENA HEVIA
BARCELONA

«El que sea valiente que siga a Parra». Así arengaba a los jóvenes Roberto Bolaño, uno de los máximos admiradores de este poeta chileno y posiblemente el responsable de su actual proyección. Una proyección que ayer culminó con su concesión del Premio Cervantes 2011. Un poco tarde, si se tiene en cuenta que Nicanor Parra tiene 97 años y es, junto a Pablo Neruda, Vicente Huidobro y Gabriela Mistral, el cuarto as de la baraja de la poesía chilena. También es, como anunciaba Bolaño, un foco de influencia inexcusable para la nueva poesía latinoamericana, aunque lo suyo

-así le gustaba decirlo-no sea exactamente poesía, eso que en 1954 definió como «el paraíso del tonto solemne», sino la antipoesía, un invento suyo, basado en la utilización del más prosaico lenguaje del pueblo adobado por su irónica amargura -«una montaña rusa»- sembrada de juguetones despropósitos.

A un poeta dedicado a huir de la trascendencia, un premio como el Cervantes, el más prestigioso y mejor dotado del área hispánica, 125.000 euros, le ha dejado más bien frío. O eso se desprende de las declaraciones de su secretaria personal, Jacqueline Muñoz, quien aseguró en su nombre que a estas alturas «ya no cree en los premios». Aunque la residencia habitual de Parra, Las Cruces, está situada a 125 kilómetros de Santiago, problemas de salud le han obligado a trasladarse al domicilio de su hija Colombina, reconocida arquitecta, muy cerca de la capital.

«ROBLE» CON ALTIBAJOS / El autor ya causó baja el pasado 12 de noviembre en la presentación en Santiago del segundo volumen de sus Obras completas & algo + (Círculo de Lectores / Galaxia Gutenberg), lo que abre el interrogante de si podrá acudir a recoger personalmente el galardón el 23 de abril. La secretaria aseguró que, pese a sus años y a que pasa por altibajos, es un «roble».

Lo cierto es que hace ya muchos años que Parra no coge un avión. Es conocida su aguda respuesta -Parra es un hombre de tremendo ingenio- a la oferta de Carmen Balcells para que viniera a Barcelona. «Sí ya sé que los aviones son el medio de transporte más seguro, pero después de la silla de ruedas», le dijo a la agente, que suele moverse en una.

El poeta es el hijo mayor de una familia muy humilde, enamorada de la música folclórica. La más popular de los Parra fue, sin embargo, Violeta Parra, la malograda compositora del Gracias a la vida, que empezó en la música tras los pasos del padre, profesor de música. Nicanor fue el único de los 10 hermanos que cursó estudios superiores. A los 17 años dejó el campo por la capital para estudiar Matemáticas y Física y más tarde ingeniería, que abandonaría.

Sus inicios fueron intuitivos. En 1937 publicó un libro de poemas Cancionero sin nombre que, aunque recuperado posteriormente en sus obras completas, hoy no le satisface. «Eran poemas convencionales muy influidos por García Lorca». Veinte años más tarde, mientras estudiaba Cosmología en Londres tuvo una iluminación. En el Hamlet de Shakespeare leyó: «Muerte, no seas orgullosa». Y la cita, de la que en realidad hizo una traducción equivocada, le llevó a escribir Poemas y antipoemas, el libro que le ha dado más prestigio.

Desde entonces, Parra se ha dedicado a burlarse de todo el que que le pide una definición de su antipoesía. (Es legendaria su aversión a las entrevistas, aunque muchos periodistas que se han acercado a él certifican que cuando empieza a hablar no hay quien le pare). Ni siquiera condescendió ante Mario Benedetti, que le pidió una concreción de su célebre poema Test, que dice: «¿Qué es la antipoesía? / Un temporal en una taza de te? / Una mancha de nieve en una roca? / Un azafate lleno de excrementos humanos / Como lo cree el padre Salvatierra...» y que tras muchas opciones termina: «Marque con una cruz / la definición que considere correcta». Le dijo sencillamente: «Hay tantas cruces como versos. Y quedan algunas pendientes». Tampoco habría que olvidar en la producción de Parra sus irreverentes artefactos, esculturas y/o poemas visuales muy cercanos al universo de Joan Brossa, con quien realizó una exposición conjunta en Valencia en 1991.

En el artículo que Bolaño le dedicó y que se recoge en Entre paréntesis -ese libro que puso al poeta en órbita de nuevo- dejó dicho que Parra, con un heterodoxo poso político, consiguió sobrevivir a la izquierda «neoestalinista» y a la derecha «neonazi y desmemoriada», a base de «joderle la paciencia al público». Solo falta que «este hombre que escribe como si al día siguiente fuera a ser electrocutado» y que no cree en los premios, sobreviva al Cervantes.