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apuntes

Dos noches, dos generaciones

Josep Maria Pou

Noche de lunes en El Molino. El público se agolpa en la entrada. Caras conocidas. Actores, actrices, cómicos de la legua. Veteranos, los más. Jóvenes, muy pocos. En diez minutos escasos se ocupan todos los asientos. Gente de pie. Aforo completo. En primera fila, las protagonistas de la noche. Cinco actrices con solera. Cinco talentos.

Cinco mujeres que han dejado -y dejan, todavía en activo- lo mejor de ellas mismas en escenarios, platós de cine y televisión, y estudios de doblaje. Cinco actrices, cinco. Josefina Güell, Marta Padován, Carme Contreras, María Dolores Gispert y Teresa Gimpera. Cinco señoras que presentan sus recuerdos en forma de libro. Y cinco libros que se añaden a los 41 que lleva ya publicados la Fundación AISGE en su colección Memoria de la escena española. A la chita callando, sin aspavientos, los tomos de esta colección recogen la historia de nuestro teatro a través de sus protagonistas: actores y actrices que cuentan sus vivencias y que destilan, línea a línea, la pasión que les ha llevado a entregar su vida al cine y al teatro. El lunes las veía a las cinco sobre el escenario de El Molino y no podía por menos de emocionarme. Porque su vida es mi vida. Porque con ellas fui creciendo en mi amor por el oficio. Y porque con ellas comparto el orgullo de ser cómico. Busquen esos libros, lean esas memorias y sepan de los actores, así como nosotros sabemos de ustedes los espectadores por los siglos de los siglos, amén.

Talento y entrega

Noche de jueves en el Teatre Gaudí Barcelona. Noche de estreno. Espacio reducido que confunde en un solo aliento actores y espectadores. Comunión, se llama a eso. Cuatro actores, cuatro. Javier Beltrán, Oriol Casals, Xavi Francés y Muguet Franc. (Tres actores y una actriz, para ser exactos; pero actores los cuatro de una misma ceremonia.) Dos autores a la par: Marilia Samper y Llàtzer Garcia. Todos muy jóvenes. Jovencísimos. Ejemplo perfecto de las últimas generaciones que empujan para hacerse sitio en la enmarañada trama de nuestro oficio. Talento y entrega a partes iguales. Y una esperanza: que les dejen seguir contando historias, que puedan vivir dignamente de su oficio, y que llegado el día puedan escribir de vivencias y recuerdos, al igual que sus mayores. Y que nuevas generaciones busquen esos libros, lean esas memorias y sepan de los actores, así como nosotros sabemos de ustedes los espectadores por los siglos de los siglos, amén.

Y así, ad infinitum

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