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El festival de cine fantástico de Catalunya

Fiesta zombi en La Habana

Alejandro Brugués convierte en un híbrido verbenero la primera película cubana del género

Desirée De Fez

La proyección en la pasada edición del festival de Sitges de la uruguaya La casa muda, la mexicana Somos lo que hay y la argentina Fase 7, muy aplaudidas a su paso por festivales especializados, ya avanzaba la noticia: la eclosión del cine latinoamericano fantástico y de terror. Y la presencia esta edición de películas como la venezolana La hora cero, la cubana Juan de los muertos y la colombiana El páramo, estas dos últimas coproducidas con España, confirma la buena nueva.

En cosa de un par de años, una generación nueva de cineastas de Latinoamérica se ha lanzado al género (eso sí, usándolo a menudo para esbozar la realidad) y ha colocado sus películas en la programación de los festivales de fantástico más importantes y en el punto de mira de fans y especialistas del género. Entre ellos están Alejandro Brugués y Jaime Osorio Márquez, protagonistas de la sección oficial de ayer.

El primero es el director y guionista de Juan de los muertos, promocionada como la primera película cubana de zombis de la historia. Centrada en una invasión de muertos vivientes en La Habana, su propuesta es un híbrido ligero y verbenero de cinta de zombis y comedia negra que bebe clarísimamente de Zombies party (2004). «Quería hacer la película de zombis que siempre quise ver como fan del género y, al mismo tiempo, aprovechar para hablar de Cuba, de los cubanos, de cómo somos. Era un proceso de observación de la realidad cubana a través de los ojos de un fan de películas de género. La forma más bonita de hacer la película era mantenerme fiel a la realidad cubana, y lo que hice fue tomar escenas de la vida cotidiana en Cuba y ponerle zombis», cuenta Brugués, que acierta en su potente descripción de una Habana plagada de zombis y plantea algunas situaciones cómicas inspiradas, a cuyo favor juega un reparto carismático encabezado por el cubano Alexis Díaz de Villegas y con una simpática intervención del sevillano Antonio Dechent. Pero no aporta demasiado al subgénero sobre muertos vivientes, le falta inventiva.

ENTRE EL CINE BÉLICO Y EL TERROR / Si Juan de los muertos, primera producción independiente que autoriza el gobierno cubano en 53 años, se mueve en terreno festivo, la otra cinta latinoamericana a concurso lo hace en un campo muy distinto. El páramo es una oscura y angustiosa película bélica en permanente diálogo (mediante la atmósfera y la representación de la violencia física y psicológica) con el cine de terror. Primera película de Osorio, sitúa su acción en una base militar abandonada en la selva y enfrenta a un comando especial del ejército colombiano con un misterio de naturaleza imprecisa.

TENSIÓN Y MALESTAR / El director, que dice «haber querido provocar sensaciones a través de la forma», propone una película imperfecta, pero interesantísima en su uso de los mecanismos del fantástico y el terror para generar tensión y malestar y, a la vez, acercarse a la realidad. Su objetivo, no obstante y como él afirma, no es sentenciar sobre Colombia, sino proponer una reflexión abierta sobre el ser humano: «El enemigo no es tan identificable como dicen los medios o el Gobierno, que acusan a la guerrilla de ser la causante de todos los problemas de la sociedad cuando el problema es más profundo y está en cada uno de nosotros. Y la película invita a reflexionar sobre eso. ¿Quién es el enemigo sino nosotros mismos? La guerra de El páramo es una guerra entre hermanos, entre soldados que son amigos, y es también una guerra con uno mismo porque habla del miedo como generador de violencia y paranoia».

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