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ENTREVISTA A ANTONIO GASSET

«¿Indignado? No, perplejo»

La Academia del Cine acaba de premiarlo por divulgar el celuloide nacional desde el programa que presentó durante 15 años, pero la audiencia lo que añora es su socarronería. Tiene lógica: a él le interesa el fútbol más que el cine y ama el humor sobre toda

JUAN FERNÁNDEZ

Si en la tele primara el ingenio, Antonio Gasset no habría abandonado jamás las pantallas. Sin embargo, el ERE que podó la veteranía de RTVE en el 2007 lo mandó a la prejubilación y, desde entonces, la ironía sarcástica y elegante de su voz, que disfrutaban con devoción los fieles seguidores de Días de cine, solo la gozan las pocas personas que forman su círculo más íntimo. Ese día perdió la tele, perdieron los espectadores y perdió él. Desaparecido del mapa durante estos cuatro años, el premio que le acaba de dar el cine español ofrece la coartada perfecta para confirmar que conserva intacta su capacidad para la socarronería y una honestidad que le impide disimular sus flancos débiles. No por dormir en el desván las joyas brillan menos.

-¿Le sorprendió que le dieran este premio?

-Sí, mucho. Además, me contaron que la elección fue unánime. Imagino que estuvieron de acuerdo para acabar antes la reunión y largarse a sus casas. A alguien se le debió de ocurrir mi nombre y, por no discutir, aceptaron todos. Aun así, está muy bien.

-¿Qué ha sentido al verse otra vez bajo los focos?-Se me han reactivado las ganas de hacer algo de nuevo, aunque después de estar fuera tanto tiempo me siento como un jugador cuando sale de una lesión. Tendría que probarme antes, y eso me da cierto miedo.

-¿Dónde se imagina?-Lo que más me apetece es hacer radio, un medio en el que nunca he trabajado. Prefiero eso a salir en imagen. No me veo haciendo las entradillas que hacía delante de la cámara. Dentro de poco andaré con bastón y la estampa podría resultar poco televisiva. Me gustaría colaborar en la sección de deportes, comentar partidos de fútbol, que es una de mis pasiones. Entre usted y yo, a mí el fútbol me interesa mil veces más que el cine.

-¿Y ha recibido ya alguna oferta?-Con ciertos grados de alcohol, alguna persona me ha propuesto algo en las últimas noches. Estoy esperando a que me lo vuelvan a proponer a otras horas del día, y en otras condiciones.

-¿Qué ha sido de usted estos años, desde que dejó la tele?-He andado entre Madrid y Berlín, que es donde vive mi hija. Tiene 19 años, así que he podido compartir con ella una época preciosa. Berlín es una ciudad fantástica, que me encanta, y en Madrid tengo a mi hijo mayor y a unos cuantos buenos amigos. Cuando estaba allí echaba de menos Madrid. Cuando volvía echaba de menos Berlín. Yo siempre he sido así de masoquista.

-¿A qué se dedica? ¿Qué hace cuando suena el despertador?-Aunque no lo parezca, yo soy muy madrugador. En Berlín me despertaba para hacerle el desayuno a mi hija. Esa ciudad tiene la ventaja de estar muy bien preparada para la bici, así que he podido dar unos largos paseos en bicicleta. También hago abdominales a diario. En casa, nada de ir al gimnasio. En Madrid conservo un grupo de amigos, entre los que están Agustín Díaz Yanes y Javier Marías, con los que suelo hacer una cena casi todas las semanas, donde me lo paso muy bien. Sigo siendo un adicto al humor. Después de lo primero [el sexo], lo que más me gusta en la vida es reírme. Bueno, ahora esto incluso más que lo primero. Digamos que me he dedicado a disfrutar de la vida, en la medida en que la vida se puede disfrutar.

-Acaba de cumplir 65. Ya es un jubilado. Lo llaman la edad dorada.-Lo único positivo que le encuentro a eso es el bono del autobús. Del resto que dicen, nada. La jubilación te enfrenta a una realidad: estás más cerca del final que del principio. A mí me afecta pensarlo.

-¿Piensa en la muerte? ¿Y a qué conclusión llega?-Me mueve a pedir un vodka martini.

-¿Se ha aburrido en estos años?-Yo no me aburro nunca. Lo que sí me ha ido embargando es una cierta sensación de hastío. Yo suelo tener tendencias depresivas, que combato con los abdominales y la bicicleta. Me niego a los ansiolíticos y demás productos de farmacia. El día que la bici y los abdominales me fallen, tendré que replantearme la vida. Con la edad me han aumentado los índices de melancolía. Es mi colesterol particular. La melancolía es una enfermedad mortal, que solo desaparece cuando muere el que la padece. Has de aprender a vivir con ella.

-¿Ha ido mucho al cine?-Me he aficionado a ver series de televisión. Soy un fanático de Dos hombres y medio. Charlie Sheen me parece un genio. He oído que ha dejado la serie, así que yo también la dejaré. Sin él me parece inconcebible esa serie. Diría más: la vida me parece inconcebible sin Charlie Sheen. También me gusta Mad men. Pero el cine no lo he pisado.

-¿Por qué?

-Uno de los motivos es que soy tremendamente tímido. No me gusta que me reconozcan. Me causa pavor imaginar que voy a un cine y a la salida se me acerca la gente a preguntarme qué me ha parecido la película. ¿Y a usted qué le importa, caballero?

-Entonces vivirá con alivio ser ahora menos popular.-Sí, aunque, curiosamente, me sigo encontrando a gente que me dice: «Me encanta su programa, le veo todas las noches». Me dan ganas de responderle: «Es usted un mentiroso, hace cuatro años que no salgo en la tele». Detesto la fama. Sin embargo, me hizo mucha ilusión que una amiga alemana de mi hija, que está viviendo en España, la llamara la semana pasada para decirle que me había visto en un periodico.

-Aparte de ver series, hacer abdominales e ir en bici, ¿qué más hizo?-Estos años han coincidido con la época más excelsa del Barça, lo cual me ha tenido muy entretenido. Estuve en la final de Roma, a la que me invitó Guardiola, y allí viví uno de los momentos más emotivos de mi existencia. Lloré. El Barça me ha ayudado a conllevar la jubilación. Incluso he llegado a hacer cosas de viejo que chochea.

-¿Cómo cuáles?-Por ejemplo, ponerme la camiseta del Barça y tirarme a las calles de Madrid. Y se me ha insultado, que era lo que yo buscaba.

-Cuidado, en Madrid llevan muy mal ese tema.-Lo llevan fatal. Ocurren cosas rarísimas. El dueño de un pub que frecuento, que es amigo mío, me dijo muy agresivo el otro día: «Me he enterado de que eres del Barça, jamás podía pensar eso de ti. Pero no serás catalán, ¿verdad?». Estas cosas se están empezando a dar mucho en Madrid.

-¿A qué cree que se debe?-No sé quién lo ha generado, pero detecto unas crispaciones extrañas. Por eso estoy deseando que haya elecciones, que gane de una vez el PP y que haya un cambio, porque noto a España mal. Los índices de agresividad empiezan a ser alarmantes. A ello colaboran tipos como Mourinho.

-¿Qué le parece esta figura?-Es una de las presencias más nefastas que hay en nuestro suelo patrio. Es un vanidoso, un engreído, padece una enorme prepotencia y una gran vulgaridad. Ha hecho mucho daño al ambiente en general y quizá el Madrid se arrepienta algún día. No entiendo esa locura por ganar una Liga y una Champions sea como sea, a patadas, a puñetazos, incluso al precio de convertir al Madrid en un equipo vulgar. Dan ganas de decir: «Que gane ya una Champions y nos podamos tranquilizar todos, por favor».

-¿Sigue la actualidad? ¿Cómo ve el patio?-Hay algo incuestionable: el mundo ha cambiado definitivamente, y el que había no va a volver jamás. Yo reconozco que me he aprovechado bastante de él. He vivido una época en Televisión Española donde estaba permitida hasta la picaresca. Yo hice cosas, y las vi hacer, que hoy serían de expulsión inmediata. Era un mundo basado en el despilfarro. Quizá por aquello vino lo de ahora, no lo sé.

-¿Se siente indignado?-¿Indignado? No, perplejo. Hombre, bastante berenjenal hay como para ponerme yo también a indignarme. Aquí, o nos indignamos todos, o ninguno, pero no solo unos pocos. Estoy en desacuerdo con ese grupo, en parte por edad, y también porque, en el fondo yo no dejo de ser pequeño un burgués. Soy un niño bien de Madrid.

-¿Echa de menos andar de festival en festival de cine?-En todo lo que hice en mi vida siempre hubo un alto índice de frivolidad. A mí el festival de Cannes me interesaba por Cannes, más que por el cine. Lo mismo me pasaba en Venecia, o en San Sebastián, donde cada año acudía pensando, no en las películas, sino en el rodaballo que solía tomar en el restaurante El Cano de Getaria, sin duda uno de los momentos cumbre de mi vida. Nunca entendí lo felices que estaban mis compañeros del oficio cuando llegaba el último día y podían volver a sus hogares. Debían de tener unos hogares felicísimos.

-No era su caso.-Nunca he sido de quedarme mucho en casa, siempre fui un gran despilfarrador del dinero, incapaz de ahorrar un euro. En Madrid tengo un apartamento muy pequeño, donde cabemos un televisor, mis libros y yo. Yo me habría quedado en los festivales más tiempo. Fíjese en el plan: nos pagaban por ver cine, escribir tonterías y vivir durante unos días en ciudades maravillosas. ¡Y la gente se quería largar! Nunca lo entendí. Todo eso sí que lo echo de menos, pero tampoco quiero añorarlo mucho, porque entonces me deprimo, y es peor.