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Los estrenos de la semana

¿Cuál es nuestro lugar en el cosmos?

Terrence Malick impregna de filosofía la magna 'El árbol de la vida'

Nando Salvà

No hace falta haber nacido en Estados Unidos para saber lo que es el Sueño Americano, y no hace falta ser muy listo para saber que el Sueño Americano es una falacia, más que nada por la cantidad de películas que se empeñan en dejarlo claro.

Hoy llegan a la cartelera algunas de ellas, ninguna tan gigantesca como El árbol de la vida, reciente Palma de Oro en Cannes y algo así como la Transformers 3 del cine de arte y ensayo. Sobre el papel, la quinta película de Terrence Malick es la penetración en la mente de un hombre, Jack (Sean Penn), que medita sobre su infancia y su diminuto lugar en el gran esquema cósmico, e intenta resolver cuestiones acerca de la ira de su padre (Brad Pitt), el amor incondicional de su madre (Jessica Chastain), la muerte de su hermano y esos intangibles que han atormentado al ser humano desde el principio de los tiempos.

En la América de los años 50 se consideraba que el pasaporte al éxito era formar una familia e instalarse en una casa con jardín en los suburbios. Sin embargo, como ya demostró mejor que nadie el escritor Richard Yates, la aparente calidez de esas barriadas que olían a carne a la parrilla y por las que los niños podían ir en bici era solo un subterfugio para enmascarar anhelos de poder y profundos sentimientos de fracaso. La mayor carga dramática de El árbol de la vida se basa en ese sentimiento, personificado en un hombre que sacrificó sus ambiciones artísticas en pos de un matrimonio sin pasión y de un trío de mocosos que probablemente nunca deseó.

Pese a que no es un tema tremendamente original, nunca antes ha visto usted una película tan magna como esta. Demostrando escaso interés en la narrativa tradicional, la película acumula asociaciones libres de hermosas imágenes, sonidos, sueños, fantasías, miradas, susurros e impresiones para plantear preguntas ya enunciadas por el Libro de Job --si Dios es bueno, ¿por qué existe el mal en el mundo?- o por Heidegger. En pantalla aparecen dinosaurios, galaxias lejanas, asteroides que chocan en la Tierra, cromosomas, partos humanos, volcanes en erupción, medusas y girasoles, discusiones acerca de Satán y un epílogo que transcurre, presumiblemente, a las puertas del cielo.

SSLqCÓMO ACABAR CON TU JEFE' / Otro pasaje muy citado del Sueño Americano asegura que si trabajas duro y con eficacia tendrás un futuro brillante, y que cada generación vivirá mejor de lo que vivieron sus padres. De que, ahora más que nunca, eso también es mentira son la prueba viviente los tres protagonistas de Cómo acabar con tu jefe, decididos a enderezar su estatus laboral asesinando a sus respectivos superiores. Se trata de una comedia de mensaje muy pesimista, oculto, eso sí, detrás de gags como este: un viejo compañero de clase de los protagonistas, exempleado de Lehmann Brothers, se queja de estar en paro desde el colapso de la empresa y, acto seguido, les ofrece sexo oral a cambio de unos dólares.

Por último, ¿qué sentido tiene hablar del Sueño Americano en un país donde aquellos que deben proteger al pueblo son incapaces de cuidar de sus propias vidas, seres corruptos que, al levantarse por la mañana, se meten la punta de una pistola en la boca? Así son los personajes de Los amos de Brooklyn, drama policial que le debe mucho al cine de Sydney Lumet, y que se centra en una caótica semana en las vidas de tres agentes neoyorquinos moralmente atormentados, que deberán transformar dramáticamente su sistema de valores y su filosofía vital. Dirige Antoine Fuqua, el autor de la magnífica Training day.

Tampoco es cine de acción aunque esté protagonizada por gente con pistola, así que quienes busquen sangre mejor se decanten por Colombiana, otra contribución del productor Luc Besson al entretenimiento más descerebrado. Una niña presencia el asesinato de sus padres. Con el tiempo se convierte en un ángel de la muerte y empieza a apilar cadáveres de hombres malos. ¿No hablábamos del sueño americano? Para muchos esa expeditiva forma de justicia probablemente lo sea.

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