04 abr 2020

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La 68ª edición del festival cinematográfico italiano

La Mostra se rinde al genio de Polanski para la comedia

El director triunfa con su versión de 'Un dios salvaje', de Yasmina Reza

NANDO SALVÀ
VENECIA

Habrá quien diga que es una película menor, que podría haberla dirigido cualquiera, que tomar un texto preexistente, dárselo a cuatro actores de primera fila, encerrarlos en una habitación y filmarlos no es una tarea particularmente meritoria. Pamplinas. Roman Polanski, es cierto, siguió ese procedimiento para dirigir Un dios salvaje, presentada ayer a concurso en la Mostra de Venecia, pero qué más dará si el resultado son 80 de los minutos más hilarantes vividos en un festival de cine en mucho, mucho tiempo.

Los aplausos y risas que acompañaron a esta grotesca comedia negra en su proyección para la prensa son un signo de la buena mano del director polaco tanto con la comedia, a pesar de que es un género que no toca desde El baile de los vampiros (1967), como orquestando los golpes entre cuatro intérpretes en estado de gracia.

«La grandeza del guión y el hecho de trabajar a las órdenes de Roman nos hizo sentir a los cuatro algo así como una saludable aprensión. El miedo común nos unió», recordó ayer Kate Winslet. La acompañaban sus compañeros John C. Reilly y Christoph Waltz y la dramaturga francesa Yasmina Reza, autora de la pieza teatral que lleva años representándose en escenarios de todo el mundo a cargo de intérpretes como Ralph Fiennes, Isabelle Huppert, Jeff Daniels y Hope Davis. Del equipo faltaban Jodie Foster y, por supuesto, Polanski, a causa de la orden de extradición a Estados Unidos que pesa sobre él.

La escueta historia transcurre así: Foster y Reilly reciben en su casa a Winslet y Waltz para discutir sobre una pelea sucedida entre sus respectivos hijos -uno dejó sin dientes al otro de un garrotazo-. Inicialmente civilizado, el encuentro poco a poco degenera en un furioso fuego cruzado de pullas -la mejor frase la tiene Waltz: «cada vez que veo a Jane Fonda en la tele hablando de solidaridad, me dan ganas de afiliarme al Ku Klux Klan» -- empapuzadas de vómito y whisky escocés.

EL ORIGEN DE LA VIOLENCIA / La idea es demostrar que los padres no son más civilizados que su progenie y llevar a cabo una reflexión engañosamente liviana sobre el origen de la violencia, los reproches soterrados que gobiernan las relaciones entre hombres y mujeres y, sobre todo, lo que de vanidosa, cruel y profundamente estúpida tiene la condición humana. Sin duda, es un tema que forma parte de la estructura genética del cine de Polanski, pero tanto o más de los métodos de Reza. Queda claro comprobando las conexiones existentes entre Un dios salvaje y su obra teatral más famosa, Arte. Ya saben, tres amigos cuya relación empieza a tambalearse cuando uno de ellos compra un cuadro completamente blanco.

Polanski ha tomado la letra de Reza y, respetándola al máximo, la ha convertido en una película de precisión milimétrica y un timing endiablado, que en ningún momento se contenta con ir a rebufo del texto sino que hace un uso detallado del escenario único. Hacernos sentir claustrofobia es una de sus estrategias dramáticas esenciales, y no es casual que el director recurra a ella en la primera película que rueda después de pasar meses en situación de arresto domiciliario en Suiza. ¿Que podría haberla dirigido cualquiera? Lo dicho: pamplinas.