Publicado en El Periódico el día 11 de agosto
Un cómic recorre la aventura real de dos chicas punk en los 80
Ulli Lust narra el acoso que sufrió en Italia a los 17 años

Ulli Lust, hace unos días en Barcelona y, abajo, en la viñeta, con Edi.
«Cuando me acuesto con ellos no me respetan y cuando me niego, me violan», se lamenta Ulli List en una de las viñetas del brutal cómic autobiográficoHoy es el último día del resto de tu vida(La Cúpula). «Esa fue la mala, mala, mala experiencia», confiesa hoy, a propósito de una aventura que vivió junto a Edi, su amiga ninfómana, en 1984, siendo ambas dos punks austriacas de 17 años, «bastante locas pero emancipadas, que luchaban por una vida propia».
Sin dinero ni documentos, sin más equipaje que lo puesto y un saco de dormir y sin avisar a sus familias («solo me arrepiento de lo mucho que les hice sufrir») empezaron a andar y a hacer autostop rumbo a Italia «sin ser realmente conscientes», admitía hace unos días en Barcelona, de que jugaban con fuego. En un país en el que «una mujer sola era, evidentemente, una puta», vivieron en la calle, mendigaron, Edi se enganchó a la heroína (ella no, porque «quería ser libre y la adicción era todo lo contrario»), y acabaron en Sicilia, protegidas por un capo de la Mafia.
«Pensábamos, como muchos adolescentes, que éramos fuertes. Queríamos hacer cosas peligrosas. Nos fascinaban los criminales, los clubs de prostitutas, nos obsesionaba el peligro y queríamos vivirlo. Yo tuve una infancia feliz y una familia que me protegía y no tenía ni idea de lo mala que puede llegar a ser la gente», afirma Lust, diseñadora y dibujante que dirige la editorialon lineelectrocomics.com.
En casi 500 páginas, reconocidas con varios premios, como el de Autor revelación en el último festival de Angulema, Lust sedesnuda. Las dos amigas llegan a acostarse por dinero o por un plato de pasta porque, explica, «dentro del movimiento punk vivíamos en un contexto de liberación sexual donde follar era como comer o tomar café. No le dábamos importancia al sexo y la prostitución era un buen trato, no algo que avergonzara. El problema es que la sociedad o los hombres consideran a las prostitutas bazofia».
Lust no olvida la sensación de ser como un objeto. «Veía en los ojos de los hombres que yo era como un perro, una mierda, no una persona. Sientes que los derechos humanos solo son para los hombres, algo que las mujeres de Paquistán deben vivir cada día. Lo recuerdo como una violación, algo más difícil de tratar que la propia violación porque no era solo de un hombre sino algo constante y generalizado en la sociedad».
Su mala experiencia, añade, llegó «cuando los hombres no aceptaron elnocomo respuesta. Ahí me di cuenta de que algo no iba bien. Es el momento en que pierdes la voz y ya puedes gritarno... ya no respetan la voluntad de la mujer. Ya no importaba qué querías, ya no tenías elección». Además de miedo y angustia, su obra no oculta intimidades. «No es fácil para las mujeres manifestar sus necesidades sexuales y es bueno hablar de ellas. En cómic hay mucho material erótico, la mayoría está hecho por hombres y las mujeres parecen estúpidas».
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