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arte. EXPOSICIÓN

El Picasso revela el influjo que Van Gogh ejerció sobre el malagueño

'Devorar París' reúne también piezas de Cézanne, Gauguin y Steinlen, entre otros

El museo confronta la obra de ambos artistas y evidencia sus coincidencias

NATÀLIA FARRÉ
BARCELONA

«Picasso se pasa el día hablando de Van Gogh. Para él Van Gogh es un pintor que tuvo una vida y una muerte ejemplares». Lo escribía en los años 70 Hélène Parmelin, escritora y amiga del malagueño. A ella también le confesó que el holandés fue el más grande y el que más le influyó durante su primera etapa como pintor. Y Jacqueline, la última esposa del genio, decía: «admiraba a Cézanne, pero le gustaba Van Gogh». Con todas estas premisas no es de extrañar que el Museu Picasso de Barcelona exhiba, hasta el 16 de octubre, 11 obras del holandés -todas cedidas por el museo del autor en Amsterdam- en la muestra Devorar París. Picasso 1900-1907.

Se trata de una exposición centrada en los primeros años de formación de Picasso, desde su llegada a París, en 1900, como un joven y desconocido emigrante hasta su transformación en líder de las vanguardias, que se estrenó el pasado mes de febrero en la capital holandesa con un formato ligeramente diferente. En Amsterdam se insistía en las obras del malagueño, aquí en el contexto artístico de su creación y en la relación con otros autores, especialmente con Van Gogh.

Pero pese a todo lo dicho los dos pintores no llegaron a conocerse, ni siquiera está claro cuando el malagueño tuvo el primer contacto con la obra del holandés. Sí es seguro que no acudió, porque no estaba en la ciudad, a la gran exposición sobre Van Gogh que tuvo lugar en marzo de 1901 en la galería Bernheim-Jeune de París. Aunque sí debió ver los artículos y postales publicados de la obra expuesta, pues la muestra fue una revelación para artistas como Matisse, Vlaminck y Derain, llenó páginas y páginas en la prensa, y fue protagonista de un montón de tertulias en los círculos artísticos.

PRIMER CONTACTO / Poco después, en mayo del mismo año, cuando preparaba su primera muestra para Vollard, Picasso debió tener acceso a los 20 van goghs del fondo del marchante. Seguramente ese fue el primer contacto directo con la obra del holandés, aunque hay quien opina que tuvo que ser anterior para poder explicar el parecido entre su Moulin de la Galette (1900) y la Sala de baile de Arlés de Van Gogh. Sea como fuere, lo cierto es que muchas de las piezas realizadas para Vollard, como La espera (Margot), La nana y El 14 de julio, recuerdan las grandes pinceladas con empastes y los colores vivos de Van Gogh.

Aunque esta no fue la única influencia del holandés, también lo fue la manera de mirar el mundo: «La idea es mostrar cómo con 20 años de diferencia dos grandes artistas respondieron de la misma manera delante de diferentes temas», explica Pepe Serra, director del museo. De ahí que en la selección de piezas de Van Gogh «se haya huido del espectáculo y se hayan primado las relacionadas con la construcción del lenguaje pictórico de Picasso».

Pero el pintor de los girasoles no llega solo a Barcelona, lo hace acompañado de Toulouse-Lautrec, Cézanne, Rodin, Gauguin y Steinlen, entre otros, para evidenciar cómo durante esos seis años de formación Picasso «se peleó, diálogo, copió y homenajeó a toda la masa artística instalada en París», apunta Serra. No en vano el malagueño «era alguien capaz de absorber, de robar si era necesario, lo que necesitaba de otros artistas, y de reinventar el arte que le rodeaba en sus propios términos», apunta la comisaria Marilyn McCully.

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