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apuntes

Un Gobierno 'Manostijeras'

Josep Maria Pou

Es imposible escapar a la realidad del recorte. Vivimos inmersos en el tijeretazo. El concepto está tan presente en todas partes que no me cuesta imaginar al conjunto de consellers de la Generalitat, cada cual a su aire, pero todos a una, reunidos alrededor de una enorme mesa redonda convertidos, por obra y gracia de la crisis que nos ahoga, en Caballeros Manostijeras. Les imagino dispuestos (prestos unos, pesarosos los más) a enarbolar las tijeras en las que se han convertido sus dedos, dibujando filigranas en el aire y superando en resultados a la adorable criatura de la película de Tim Burton.

Por simpática que pueda parecer la imagen no debe ocultar, sin embargo, la gravedad del asunto. Todos los colectivos resultan afectados y cada quien llora a los suyos. Lloraré, pues, por lo que se refiere a Cultura. Este periódico recogía ayer declaraciones y manifiestos de, entre otros, el Cercle de Cultura y el Conca a favor de la excepcionalidad cultural y de otras medidas paliativas. Todos coincidían en señalar que si se recorta el ya de por sí minúsculo presupuesto de la Conselleria de Cultura (poco más del 1% del total general) es muy posible que en algunas de las manifestaciones previstas para estos días lleguemos a ver a creadores y artistas con una mano atrás y otra delante. Si pienso en que el presupuesto actual es muy reducido me aterra pensar hasta dónde puede llegar la reducción de lo reducido. Quizás hasta igualar la respuesta de Jaimito que, contestando a la pregunta de cuántos libros leía al cabo del año decía: 'Uno. O ninguno'.

¿Se puede vivir sin leer un libro, sin ir al teatro, sin asistir a un concierto, sin pisar un museo y sin haber visto El Gatopardo? La respuesta es: 'Sí, pero mal.' ¿Se puede vivir sin relacionarse, sin practicar hábitos y costumbres, sin aprender unos de otros (que todo esto es también cultura)? La respuesta es: 'Sí, pero peor'. Por eso, hay que reclamar, insistir y manifestarse. Para evitar lo malo y lo peor.

Muñeco recortable

Imagino de nuevo a todos los consellers en su mesa y con sus manostijeras dispuestas. Y les pongo delante un folio en blanco. Y les pido que lo doblen en cuatro partes. Y que al estilo de lo que aprendimos, de niños, en manualidades recorten un muñequito de brazos extendidos. Y que comprueben luego cómo, al desplegar de nuevo el folio, el muñeco que era uno se ha multiplicado por cuatro. Para eso sirven también las tijeras.

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