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CaixaForum reivindica la vanguardia rusa

Una muestra de 230 obras descubre la innovación que propició la revolución

Un club de trabajadores que construyó Rusakov en Moscú, un ejemplo de arquitectura constructivista.

Un club de trabajadores que construyó Rusakov en Moscú, un ejemplo de arquitectura constructivista. / RICHARD PARE

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NÚRIA MARTORELL
BARCELONA

Formas geométricas puras al servicio de la funcionalidad. Eficacia arquitectónica conviviendo con la creatividad y el atrevimiento. Renovaciones radicales. La revolución rusa de 1917 desencadenó un periodo de intensa actividad e innovación, tal y como demuestra la exposición que desde hoy y hasta el próximo 17 de abril acoge CaixaForum.Construir la Revolución. Arte y arquitectura en Rusia, 1915 y 1935descubre la excepcional etapa que propiciaron artistas del movimiento constructivista como Popova, Ródchenko y Malévich y arquitectos rusos como Mélnikov, Guinzburg y Vesnín.

La muestra, que es fruto de la colaboración entre la Royal Academy of Arts de Londres, la Fundació La Caixa y la Colección Costakis del Museo Estatal de Arte de Tesalónica (Grecia), consta de 230 obras entre maquetas, obras plásticas y fotografías de archivo (de los años 20 y 30, y nunca vistas fuera de Moscú), que se exponen acompañadas de las imágenes contemporáneas del británico Richard Pare, que ayer lamentó que muchos de los edificios que retrató entre 1992 y 2010 estén «tan ignorados, maltratados y olvidados».

IDEAL SOCIALISTA / La comisaria de la exposición, Mary Anne Stevens, recordó cómo el Estado soviético surgido de la revolución de 1917 promovió un nuevo lenguaje visual para construir una sociedad dentro del ideal socialista. El recién creado Estado requería nuevos tipos de edificios, desde casas-comuna, clubes y equipamientos deportivos para el proletariado, hasta fábricas y centrales eléctricas para hacer frente a los planes de industrialización, y centros de operaciones para promulgar las políticas estatales.

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El recorrido expositivo no es cronológico ni está ordenado por autores. «Presentamos la arquitectura y el arte plástico en continuo diálogo para demostrar cómo se relacionaban -añadió Stevens-. Y termina con un monumento simbólico y aterrador, la imagen del mausoleo de Lenin». La muestra, insistió la comisaria, pone un acento especial en la manera en que los artistas plásticos y los arquitectos se unieron bajo la causa bolchevique en un periodo marcado por la radicalidad de sus propuestas. Sus obras revelan el deseo de aportar nuevas ideas y soluciones a la teoría y práctica de la ingeniería y arquitectura, experimentando con materiales, formas y volúmenes.

Un ejemplo es la maqueta de la torre Tatlin, un proyecto arquitectónico del escultor Vladímir Tatlin, que proyectó para ser construido en Petrogrado como monumento y sede de la Tercera Internacional. Se trataba de una torre de unos 400 metros (más alta que la torre Eiffel), con una estructura espiral de hierro y acero, que en su interior contenía cuatro estructuras de vidrio con diferentes formas: un cubo, una pirámide, un cilindro y media esfera, que rotarían a distintas velocidades.