11 jul 2020

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ENTREVISTA EN CUADERNO DEL DOMINGO

Manolo Escobar: "Pongo interés a la quimio para seguir cantando"

NÚRIA NAVARRO

Tiene 79 años, las ideas claras y la voz en su sitio. Y eso que en esta década la salud le ha jugado a Manolo Escobar unas cuantas malas pasadas. Repasemos lo gordo: una pancreatitis (2001), un ictus (2002), dos operaciones a corazón abierto y, el pasado mayo, un tumor en el colon. ¿Y qué hace el almeriense que convirtió el Porompompero, La minifalda y Mi carro en clásicos del radiocasete extraíble y la parranda? Pues seguir con las funciones de De Manolo a Escobar, un repaso musical a su biografía dirigido por Xavier Albertí.

--Vaya temporadita que lleva.
--Yo estaré derrumbado, pero cuando me estoy vistiendo y maquillando para salir al escenario, me convierto en otro. Cuando me dijeron que lo que había era un tumor en el colon, lo primero que pregunté fue si volvería a cantar. Como aseguraron que, si me recuperaba bien, podría seguir cantando, empecé a ponerle interés a la quimioterapia.

--Mal trago la quimioterapia.
--Es necesaria porque tengo metástasis en el pulmón y en el hígado. Al principio me la dieron por vía venosa ¿que es la desagradable¿, pero ahora la tomo en pastillitas. El 11 de julio ya estaba cantándole a la selección española en el Puente del Rey.

--En el manteo, los campeones del mundo casi lo descuajeringan.
--¡La madre que los parió! Estaba en el posoperatorio... Mientras iba volando y cantando Y viva España, les iba diciendo: «¡Que estoy enfermo!».

--Por cantar ha hecho barbaridades. Pincharse corticoides, por ejemplo.
--Urbason contra la afonía. Pero han sido peor los cólicos nefríticos, que he tenido muchos y son la leche. Recuerdo acabar una canción, aprovechar los aplausos para ir a vomitar y volver a salir. A mí solo me pueden los años, que tengo 79.

--A la vista está que no pueden.
--No sé de dónde me viene la fuerza. Solo sé que la hora y media más feliz es la que estoy en el escenario. Sales cantando y ya te aplauden, y terminas y te siguen aplaudiendo, y luego te esperan en la calle como si fueras Alejandro Sanz. ¡No sabe lo que es eso para el cuerpo! ¡Gloria bendita!

--En la canción española se arrastran leyendas negras. Usted no.
--
Yo no. Alguna vez me enfado, pero a la media hora se me pasa.

--No ha tenido escándalos, ni fraudes fiscales, ni multas de tráfico.
--Cuando no había límite de velocidad me pude poner en los 180, pero en los cuatro millones de kilómetros al volante nunca tuve accidentes con sangre. En 1985 conducía yo por Málaga, de madrugada, y tuvimos un choque. Mi hermano Baldomero se rompió las costillas, lo enyesaron, alquilamos un coche y para Ourense, donde teníamos una actuación.

--Le hablaba de las tentaciones propias de la farándula.
--
Me casé con Anita [Marx] en 1959 y empecé a ser famoso en 1961, así que Anita siempre vino conmigo hasta que tuvimos a Vanessa, en 1978
--ahora que la niña hace su vida, Anita cuida a un perro que está muy mayor--. O sea, en los primeros 20 años de subidón tuve vigilancia.

--Que si no...
--
Verá, soy el quinto de 10 hijos de una madre que parió 19. Éramos tantos que mi padre le dijo: «Les hemos enseñado a ser hombres de bien, pues que lo demuestren».

--¡Con la de partenaires explosivas que tuvo en el cine!
--
Pues no sabe usted lo violentos que me resultaban a mí los besos. Venga a ensayarlos: «Ahora pon la carita así», «ahora volvamos a repetirlo»... ¡Horroroso! Aun así, mis películas no han sido para ir a los Oscar, pero hay cuatro que han sido las más vistas de España. De lo que se ha tratado es de entretener.

--Tampoco le han pasado por la piedra en los programas de corazón.
--
Lo intentaron. Una vez salió en A tu lado la presunta madre biológica de Vanessa, le dieron cuerda y nos llamaron. La familia no contestó y aquello pasó. Lo mejor es callarse.

--Usted calla mucho.
--
Yo no quiero hacer memorias porque, como tendría que decir la verdad, le haría daño a alguna gente.

--Suelte alguna que no dañe.
--
En mi disco Suspiros de España canté con Julio Iglesias, Serrat, el Dúo Dinámico, Chiquetete... Le pedí una canción a un amigo con el que ya había grabado en Belter y me la negó. Esa espina se me quedó ahí clavada.

--Manolo Escobar es un icono de la España de la pandereta. Usted es otra cosa.
--
Así es. En el terreno musical, por ejemplo, yo escuchaba 500 canciones y me quedaba con 20, luego la casa de discos grababa 10 y potenciaba un par. Había canciones hermosas al lado de Mi carro, pero promocionaban el Carro. Aquellas otras canciones no las conoce nadie, ni siquiera yo...

--Sigamos desmontando el tópico.
--
Sigamos. Decían que yo era franquista... Cuando Franco estaba en su apogeo, todos los artistas iban a cantar a La Granja el 18 de julio y como yo hacía teatro, siempre tenía trabajo, ¿comprende? No vi a Franco más que pasar en algún desfile.

--Entonces, ¿dónde estaba situado?
--
Franco era un dictador muy malo para los que eran malos para él, pero no para mí. Sé que hizo barbaridades y no apruebo ni una. Pero yo me veía con libertad para ir por ahí. Ahora los políticos dibujan una España triste y a mí, con 79 años, tampoco me afecta ya. Pero queda mi hija, y mi yerno, que es un tío de Ourense estupendo. Yo tengo para vivir y canto porque me gusta, porque a mí me quitan el cante y me quitan media vida. Pero lo primero es la familia y luego el cante.

--¿Nunca envidió la suerte de Serrat, de Sabina, de Víctor Manuel?
--
No, no. Y todos son íntimos amigos míos. Ninguno de ellos se ha metido conmigo porque nunca fui un competidor. En la prensa me han dado menos importancia que a ellos, pero supongo que es porque yo terminaba y me iba a casa y nadie sabía de mí hasta el siguiente concierto.

--Como algunos de ellos, también tuvo su bohemia en París.
--
¿Bohemia? Salvador, Baldomero y yo cogimos excedencia de Correos y nos fuimos a trabajar a París. Nos daban 750 pesetas por actuación y dormíamos en un hotel con derecho a cocina. Una compañía flamenca nos invitó a una fiesta y pedimos un café con leche. «Gilipollas», nos dijeron todos. Yo diría que soy un folclórico con otro tipo de cerebro.

--¿Cómo es ese cerebro?
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Tengo un lema: «No tiene más importancia un cantante que vende millones de discos que un señor que trabaja en la mina».

--Poco ego, veo.
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No soy el mejor cantante, pero me administro muy bien. Sé lo que tengo que cantar. Y no he cobrado una peseta de la SGAE, porque nunca he firmado una letra que no fuera mía.

--Generoso por su parte.
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En eso Anita no se mete, pero está enfadada porque no me quiero sacar la tarjeta sanitaria para tener gratis las medicinas, que son muy caras. Pero es que pienso que la Seguridad Social se ha hecho para ayudar a los que no tienen. ¿Cómo me la voy a sacar si cobro un dineral por cantar?

--Y tiene una colección de pintura contemporánea que quita el hipo.
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Una buena colección. Me falta algún Arroyo, un buen Tàpies... Con las primeras 5.000 pesetas que gané me compré una acuarela de Gimeno y luego sorollas, casas... Pero empecé a ir a museos, y solo veía pintura contemporánea. Al final me gustó, y cuando llegó la movida madrileña, me planteé hacer una colección de la época en que me tocaba vivir. Vendí algunos y compré nuevos. Adquirí un Barceló por 400.000 pesetas que hoy vale millones. Es la herencia que le dejaré a mi hija. H