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Apuntes

El dinero vuela (nunca mejor dicho)

Josep Maria Pou

En la noche del pasado domingo, mientras Catalunya cerraba su día electoral, en Nueva York se abría el telón del Foxwoods Theater para la primera representación del musical Spider-Man: turn off the dark que, con un presupuesto de 65 millones de dólares, es ya el espectáculo más caro de la historia de Broadway. Y, por lo visto hasta ahora, el dinero no lo es todo.

El teatro abrió sus puertas esa noche con dos semanas de retraso sobre la fecha prevista debido a problemas técnicos (es también el espectáculo más complejo y ambicioso técnicamente de todos los habidos en Broadway). La función de estreno, -que empezó con 25 minutos de retraso debido a «problemas de última hora»-, tuvo que interrumpir su curso a los pocos minutos para poder liberar a un actor de un arnés de seguridad que, enredado en el traje, se resistía a soltarse y le impedía moverse. Otros incidentes parecidos dieron lugar a otras tantas interrupciones posteriores. Cerca ya del final del primer acto, ocurrió lo peor: cuando el héroe remontaba el vuelo -salto a salto- para encaramarse a los palcos altos del teatro, el mecanismo falló de nuevo y el protagonista quedó colgado en medio de la nada, varios metros por encima de la cabeza de los espectadores. El equipo técnico tuvo que salir a escena para hacerse con el actor, tirando de él por los pies para deslizarle cable abajo entre las risotadas y abucheos del público (1.900 personas). En ese momento el regidor dio por terminada la primera parte, aún sin haber llegado al final previsto.

El segundo acto no resultó mejor: cerca ya del final de la función se anunció una nueva pausa debido a otro problema. Gran parte del publico protestó a gritos sintiéndose estafado (150 dólares costaba la entrada). A los 10 minutos se reanudó la función para llegar ya sin incidentes hasta el final, tres horas y media después de haber empezado. Noche aciaga, por supuesto. Todo Broadway está temblando. El fracaso de Spider Man significaría, quizás, el final de las grandes inversiones en el teatro.

Una manta y dos cordeles

Ajenos a todo esto, cada noche en Barcelona un reducido grupo de personas -talento, ganas, pasión- abren las puertas de locales como el Brossa, el Llantiol, el Maldá, la Riereta, l'Antic Teatre, la Muntaner… manteniendo viva la idea que hace ya 600 años inspiró a Lope de Rueda: «¿El teatro? Un actor, una historia, un tablado, y una manta vieja tirada entre dos cordeles».

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