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'Pa negre' y el realismo

Xavier Bru de Sala

No escribo para contar que he ido al cine con mi tía, ni para recomendar una película, aunque de este escrito se pueda desprender la conveniencia de estar alerta, sino que escribo para intentar explicitar un par de parámetros que ayuden a situar una producción cultural en un contexto. Es más, cómo influye, puede influir o debería influir en el trazado de una línea, ojalá de una bifurcación.

Pa negre es, por el guión, por el planteamiento, por la intención, el contenido, un filme realista. ¿Y qué? Pues que, en nuestra tradición, es completamente inusual. La gran diferencia entre el teatro y el cine catalán de los 70 se refiere al concernimiento. El cine escapaba, huía de una realidad desagradable para refugiarse en un tan legítimo como desenfocado esteticismo. En Castilla tocaban hueso, gente e historias de verdad; en Catalunya filmaban colgados boca abajo de divinísimas nubes. El teatro, en cambio, nos concernía. Ahora no se puede decir que las cosas hayan cambiado radicalmente, pero sí que el cine se renueva y apunta bien mientras que el teatro, la mayor parte de este, nuestro triunfante, rico, diverso, aplaudido y amado teatro, acostumbrado a vivir de su resplandor, tiende al remake, a la reiteración de contenidos, de manera que los instalados dejan poco paso a los emergentes.

En la ficción audiovisual catalana, el realismo ha estado proscrito, o, si lo prefieren, nada favorecido, en primer lugar por la televisión que pagamos entre todos. La ficción danesa nos permite conocer Dinamarca, la italiana, Italia e cosí via. La nuestra menos que cualquier otra, la española incluida. La inmensa mayoría de series y filmes de producción propia, por bien hechas que estén desde un punto de vista profesional, no dicen nada de nosotros, ergo de nadie.

Una vez, Francesc Bellmunt acusó a la novela de los males del cine. Si la novela no es realista, el cine tampoco. Aquí es donde entra en acción Emili Teixidor y su ciclo narrativo, en el que se basa Pa negre. Un punto de vista duro, implacable, sobre la miseria moral, favorecida por la material, que ha sufrido este país. A pesar de un cierto pero espléndido manierismo estilístico de Agustí Villaronga, el filme debería marcar un turning point.

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