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Inicio del Festival In-Edit Beefeater

Bocanadas de libertad

'Barcelona era una fiesta' abre la octava edición del certamen de documentales

La cinta recrea la ebullición de los 70 mezclando imágenes de archivo y testimonios de la época

NÚRIA MARTORELL / Barcelona

Tráiler de la película Barcelona era una fiesta. / YOUTUBE

Orgías. Drogas. Tabús que se rompen. Creatividad desbocada. Y, sobre todo, hambre de libertad. En realidad, no hubo una fecha fundacional ni de defunción, pero Morrosko Vila-San-Juan enmarca entre 1970 y 1983 su documental Barcelona era una fiesta que abrirá hoy el Festival In-Edit Beefeater. Fue una generación espontánea, «alucinada y visionaria», sostiene el cantante Pau Riba en la cinta, que no aspiraba a «apoderarse del poder, sino a ser más lúdicos, solidarios, eróticos...» asegura, por su parte, el escritor Luis Racionero.

El documental intercala imágenes de archivo, algunas extraídas de material particular en súper ocho de las famosas jornadas libertarias, por ejemplo, con testimonios de otra gente como el diseñador Javier Mariscal; Nazario (el patriarca del cómic gay); el cantautor Pau Riba; los escritores Quim Monzó y Ramón de España; el agitador cultural de los 70 y director de Ajoblanco Pepe Ribas; el músico Oriol Tramvia; el ilustrador Miguel Gallardo; el pintor Montesol...

Explosión

Y de fondo, mientras todos ellos hablan, imágenes de cómics de la época «porque es algo muy iconográfico» de esos años, aclaró ayer en la presentación Vila-San-Juan. Una estética de fancín que subraya la ebullición que se vivía en «ese país con tanta necesidad de ruptura. Pero no solo con el franquismo, sino con el sistema», recuerda Pepe Ribas durante el metraje.

La Barcelona underground se resume en 56 minutos que recogen parte, solo parte, de todo lo que ocurrió de «manera poco organizada y muy colectiva». «Una explosión de libertad que en España solo pasó en Barcelona, porque en Madrid el franquismo estaba aún muy presente [aunque luego le tomó el relevo con la movida], y que sucedió de forma parecida a lo que ocurrió en París, Praga y Berkeley», añadió Vila-San-Juan.

Tramvia, que ayer quiso hacer acto de presencia ante los medios, también insistió en la idea de que «no había personalismos». «Era decir '¡visca la llibertat!' y te aplaudían, porque claro, estaba prohibido. Lo que tocaba era exclamar '¡viva España!'». Su canción Bèstia (que se escucha en el filme) es tan clarificadora como el himno Qualsevol nit pot sortir el sol, de Jaume Sisa, que sale cantándolo en el Zeleste de 1976. Su «passeu passeu/, de les tristors en farem fum/, a casa meva és casa vostra si es que hi ha cases d'algú» retrata el espíritu que se respiraba. En el filme se ve a Ocaña enseñando el culo y el pene en plena Rambla, sin que nadie se escandalizara. Si entonces Barcelona era una fiesta, ¿qué es ahora? «Una fiesta de turistas», apuntó ayer Gallardo.

Ver el 'trailer' del documental en

www.elperiodico.com

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