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El Palau, a la deriva

Xavier Bru de Sala

Fèlix Millet creó una trama de gestión complicadísima, formada por tres cubiletes principales, con la finalidad de pasar el dinero de un lugar a otro y robar mejor. También montó una temporada propia, Palau 100, que servía de fachada y tapadera. Resultado, el venerable Orfeó Català, propietario del Palau de la Música Catalana, callado y encerrado en su jaula. La música propia despreciada, empezando por el canto coral. Toda la personalidad en las piedras. Organización laberíntica y música para impresionar.De esta manera, uno de los primeros buques insignia de la cultura catalana cayó en manos de dos piratas que saqueaban con impunidad, y todavía estarían allí si no hubiera sido por la agencia tributaria española.

Saltó la tapa y la olla quedó en manos de la representativa Mariona Carulla como presidenta, y de un gerente de acreditada severidad, Joan Llinares. Buenas manos para parar el severísimo golpe moral. La presidenta, de cara a la sociedad, sobre todo la que se autodenomina buena, y el director general para solucionar lo del saqueo. Los bolsillos de los contribuyentes y los mecenas pueden dormir tranquilos. En cambio, el oído de los que tienen, sobre todo musical, y el de los que entienden, chirría más que antes. Y solo por los problemas de la acústica o el empeño en meter a grandes formaciones orquestales que solo pueden sonar en el Auditori, sino por la falta de rumbo, por el desconocimiento o el diletantismo, porque la música ha pasado de tapadera a cenicienta.

Los nuevos gestores se proponen simplificar la estructura. Parapeto encaminado a perpetuarse. ¿A santo de qué? ¿Qué los autoriza a partir del principio axiomático de su capacitación, no para parar el golpe, que fue óptima, sino para orientar este transatlántico? Tal como vamos, el Palau continuará siendo el único de los grandes equipamientos culturales barceloneses a la deriva. El problema es que no están capacitados, como tampoco lo está el candidato alternativo, Enric Enrech. Ninguno de los tres mencionados, Carulla, Llinares, Enrech, dispone ni de los conocimientos ni de la experiencia necesarios para conferir un rumbo cultural, es decir musical, al Palau. Es decir, al Orfeó Català.

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