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Ideas

Las hazañas de Super Montilla

Ramón de España

L os aficionados a los cómics estamos acostumbrados a encajar la mofa y la befa de la sociedad, que suele considerarnos una pandilla de frikis o, directamente, unos merluzos infantiloides reacios a crecer y convertirse en personas de provecho. ¡Vete a leer tus tebeos!, me abroncó un día mi amigo Rafael Argullol por unos comentarios sobre La montaña mágica que le habían parecido poco respetuosos. «Es de tebeo», se suele decir de las defectuosas tramas de ciertos libros y ciertas películas. Pero todo tiene un límite, y la alegre muchachada de las Juventudes Socialistas de Catalunya lo ha cruzado de forma especialmente ofensiva con esa campaña en la que han convertido a José Montilla en el primer superhéroe calvo de la Historia (con permiso de Silver Surfer, aunque ése no tiene ni un pelo en todo el cuerpo). ¡Cuán lejos queda este insulto de un homenaje tan sentido a un clásico del género como el que lleva a cabo a diario Karl Lagerfeld luciendo esas camisas a lo Mortadelo!

La campaña, además, traiciona la esencia de los superhéroes al rebautizar a Montilla como el increíble hombre normal. Un superhéroe solo es normal en apariencia: recordemos que Superman adopta la personalidad del periodista Clark Kent. Ya puestos, podrían haber tomado de modelo al Capitán Trueno, en vez de al personaje de Jerry Siegel y Joe Shuster, y situarlo bajo la leyenda Cornellà y cierra España, muy adecuada para combatir esa desafección de los catalanes que él mismo se inventó y que luego se le fue de las manos.

Soy consciente de que pintan bastos en la calle de Nicaragua y que hay que hacer lo que se pueda para evitar la previsible catástrofe electoral, pero dudo mucho de que estas gracias de los jóvenes sociatas consigan algo más que ofender gratuitamente a los lectores de cómics. Por no conseguir, no han conseguido ni cabrear a sus colegas: de momento, ni Mas se ha hecho un cartel disfrazado de Sant Jordi Matalaranya ni Puigcercós, que es la viva imagen del Manelic de Terra baixa, ha sido visto de esa guisa en el Parlament. Me temo que el increíble hombre normal solo provoca bostezos.

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