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CRÓNICA

Carles Santos, en estado puro

'Chicha Montenegro Gallery' asombra en el inicio del Temporada Alta

CÉSAR LÓPEZ ROSELL
GIRONA

Imaginación desbordante y una libertad creativa que circula sin frenos. Chicha Montenegro Gallery, el nuevo espectáculo de Carles Santos, sacudió al entusiasmado público del Teatre Municipal de Girona en la apertura del Temporada Alta, como lo hará, seguro, el día 7 cuando llegue al Lliure de Montjuïc.

El artista ha dado un paso más en su inagotable capacidad de redefinir géneros, de mezclar artes como la música, el teatro, la danza y el circo. Un genial delirio en el que impacta el alarde físico que asumen los intérpretes al volar sobre el escenario, colgados de cables y poleas. Sus cuerpos percuten sobre planchas metálicas y, entre acrobacias trapezoidales y a veces con la cabeza abajo, los cantantes colocan sus notas. Los resultados de este despliegue quedan patentes en los moratones que lucen al término de la función.

FANTASÍA / La escenografía de Montse Amenós está llena de fantasiosos elementos: hamacas colgantes, una cortina de micros, piezas que caen del cielo... El inicio es magnífico con esa bailarina que es balanceada mientras la voz en off de un contratenor (Flavio Oliver) interpreta pasajes de la versión libre del Eclesiastés que Santos preparaba para el Grec. No tiene que ver con la trama pero si con el surrealismo imperante.

Este es un espectáculo lúdico por lo circense, irreverente en las alusiones a las 42 formas de matar a un cura -incluido un cambio de sangre por Anís del Mono-, hilarante a la hora de ilustrar el papel de los diversos fluidos que salen del cuerpo humano, con la leche materna de Montenegro regando a los intérpretes, las lágrimas, los coloristas vómitos o el toque gore cuando llega la sangre.

Los cantos, recreados a capella, necesitan unos artistas familiarizados con el autor. Begoña Alberdi, Antoni Comas, Claudia Schneider y Toni Marsol superan con nota todos los escollos. Y lo mismo Queralt Albinyana y Ana Criado. Un espectáculo inclasificable, pero libre y valiente. Joan Brossa lo hubiera aplaudido.

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