Ir a contenido

ideas

¡Échenme algo, amigos!

Ramón de España

Antes que nada, quiero dejar constancia de lo mucho que admiro a Leonard Cohen: le considero un gran hombre, un magnífico poeta y compositor y un seductor profesional por cuya cama ha pasado lo mejor del género femenino de la segunda mitad del siglo XX. Dicho lo cual, añadiré que su afán recaudatorio de los últimos tiempos no está haciendo nada bueno por su imagen de hombre sensible y ajeno a las miserias de este mundo. En concreto, a la suya propia.

Como ustedes ya sabrán, el contable del señor Cohen aprovechó que su cliente estaba retirado en ese monasterio budista de Los Ángeles en el que le dejan fumar y beber (¡tengo que hacerme con la dirección de tan benéfico establecimiento!) para robarle todo lo que pudo y más. Artista y estafador andan metidos desde hace años en pleitos, y hasta que el juez no tome una decisión, el dinero cuelga del aire y nadie lo puede disfrutar. Motivo por el que el viejo Lenny, que ya no estaba para muchos trotes, tuvo que embarcarse en una gira inacabable. Nada que objetar hasta ahí, pero... ¿era necesario ir sacando discos de material reciclado, uno tras otro, sin tomarse la molestia de componer un álbum con nuevas canciones?

Veamos: primero salió el inevitable disco (y DVD) de la gira mundial, registrado en Londres. Vale. Poco después, aparecieron milagrosamente unas grabaciones del artista en el festival de la isla de Wight de 1970. De acuerdo. Y ahora sale a la venta Songs from the road, una serie de versiones en directo de las grandes piezas del tío Lenny grabadas en diferentes ciudades del mundo (para disimular el abuso, el disco incluye un documental sobre el artista a cargo de su hija Lorca). ¿Qué será lo próximo? ¿The shower recordings, necesaria antología de lo que nuestro hombre canta en la ducha por las mañanas? Si la intención de la discográfica es que todos tengamos 23 versiones de Famous blue raincoat, va por el buen camino, pero a este paso acabará publicando las conversaciones del señor Cohen con el dentista.

Como aseguran algunos maestros de la mendicidad, es muy triste pedir, pero mucho peor es robar. De todos modos, desde aquí le ruego al admirado Leonard Cohen que deje de vendernos unas canciones que nos sabemos de memoria y nos ofrezca unas cuantas nuevas. ¡Vamos, Lenny, un último esfuerzo!

0 Comentarios
cargando