67ª edición del festival de Venecia

La adaptación de 'La soledad de los números primos' pincha

"Era dificilísimo captar la sutileza del libro", se disculpó el director del filme

Saverio Constanzo lleva a escena sin brillo la exitosa novela de Paolo Giordano

Paolo Giordano (izquierda) y Severio Constanzo, en su comparecencia de ayer ante la prensa de Venecia.

Paolo Giordano (izquierda) y Severio Constanzo, en su comparecencia de ayer ante la prensa de Venecia. / reuters / PAOLO GENTILE

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NANDO SALVÀ / Venecia

A pesar de lo que se crea en el mundo de la farándula, romperse una pierna no es sinónimo de buena suerte. Ayer quedó demostrado: hace unos días Isabella Rossellini anunció que no iba a visitar finalmente la Mostra de Venecia porque había sufrido precisamente esa lesión. La soledad de los números primos, la película que la actriz trae este año a la competición del festival, se cayó ayer con todo el equipo. Más claro, agua.

Probablemente informado de que tras ver su película a la prensa --se impone una metáfora matemática facilona- no le salían las cuentas, Saverio Constanzo, director del filme, se deshizo en disculpas: «Tengo muchas limitaciones y quiero superarlas. Por eso me gusta probar y aceptar retos en terrenos que no conozco», confesó ante el estupor de los periodistas. «A mí no se me da bien escribir diálogos», se justificó. «Era dificilísimo captar la sutileza de la novela». En fin.

GUIÓN DE GIORDANO / La novela a la que Constanzo aludía es, por supuesto, La soledad de los números primos, historia de amor entre dos seres marginales a lo largo de casi tres décadas que ha convertido a Paolo Giordano, su autor, en un hombre rico. El propio Giordano ha escrito su adaptación para la pantalla, lo que significa que parte de la culpa por esta película es suya. «La escritura del guión se convirtió en un diálogo con Saverio para ver qué había visto él en el libro que yo no hubiera pensado», explicó ayer.

El problema es que es imposible que una novela triunfe tanto en todo el mundo (se ha traducido a 23 idiomas) con unos personajes tan antipáticos y tan planos como los que ocupan el centro de la película. Eso significa es que, o bien Constanzo no leyó el libro entero sino tan solo la sinopsis -«Mattia y Alice son como dos números primos gemelos, solos y perdidos, juntos pero no lo bastante para tocarse de verdad»-- y ya se hizo una idea, o bien lo leyó y no entendió nada. «Queríamos evitar que el lector pudiera decir 'falta esto' o 'falta lo otro' y romperle los esquemas, pero aun así hemos sido muy fieles al libro», insistió el director.

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En cualquier caso, algunas de sus estrategias narrativas resultan francamente difíciles de entender, como la mezcla de alusiones a los cuentos infantiles -Caperucita roja, por ejemplo-- con numerosas imágenes de cuerpos humanos degradados --cicatrices, automutilación, delgadez extrema, maquillaje grotesco, cojera-,

o la inexplicable decisión de hacer danzar todo eso al ritmo de una banda sonora tétrica y estridente que bien podría haber firmado Goblin, el grupo de rock progresivo italiano que puso música a algunos gialli de Dario Argento. Lo dicho: mayúsculo despiste.