entrevista con la Escritora CANDIDATA AL NOBEL

Joyce Carol Oates: «Jamás en toda mi vida me he tomado un día de vacaciones»

La escritora más prolífica y respetada de las letras norteamericanas publica la novela 'Ave del paraíso' (Alfaguara).

Joyce Carol Oates: «Jamás en toda mi vida me he tomado  un día de vacaciones»

RICARD CUGAT

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ELENA HEVIA / Barcelona

Es difícil seguir su ritmo. Si pestañeas, ya ha escrito una nueva novela (como mínimo de 500 páginas), un ensayo literario o una colección de cuentos. Total, más de 100 libros, algunos de ellos bajo seudónimo. Y todo ello mientras sigue dando clases en Princeton. Toda esa actividad febril contrasta con su figura evanescente y la tranquilidad que destila su voz lánguida. Es Joyce Carol Oates, 72 años, probablemente la mejor escritora norteamericana viva. Todo un clásico sobre el que aletea el Nobel.

-En una entrevista que le hicieron hace más de 30 años en Paris Review decía que ser mujer y escritora era una bendición porque le daba a la vez invisibilidad y libertad. ¿Siente ahora lo mismo?

-Tres décadas más tarde, las cosas han cambiado mucho. Las escritoras tienen hoy una voz central en la literatura contemporánea. Yo siento que he formado parte de una revolución maravillosa que literalmente no existía cuando yo era niña.

-¿Se siente una más dentro del canon norteamericano?

-No estoy segura de tener sentimientos bien definidos al respecto. Me preocupa demasiado mi trabajo, que exige mucha concentración. Updike y Mailer son parte del canon, pero también fueron amigos míos y es difícil pensar en ellos como figuras públicas. Y si con ellos es difícil, ¿cómo será conmigo misma?

-En medio de la escritura de Ave del paraísomurió su marido, el editor Raymond Smith. ¿De qué manera afectó a su elaboración?

-Tenía la novela en un cajón y estaba a punto de enviársela a mi agente cuando murió mi marido. Y mi vida se desintegró. De manera que durante muchas semanas no pude trabajar, más allá de garabatear algunas notas. Sobrevivir un día entero era algo terrible. Estaba tan exhausta, tan deprimida...

-Es difícil imaginar a una Joyce Carol Oates en crisis creativa.

-Solo la fuerza de voluntad me animaba a salir de la cama. Decidí que si no podía escribir, reescribiría la novela que ya tenía. Le cambiaría el título, la haría más poética. Al final la protagonista, Krista, se va de la ciudad y por el espejo retrovisor ve cómo las luces se hacen cada vez más pequeñas, pensando: «Tengo que pasar página, no me puedo quedar aquí». Esta novela tiene un sentido especial y profundo para mí.

-Siento haberle hecho recordar esos momentos dolorosos.

-No importa, forman ya parte de mi vida. Además, todo eso sucedió en febrero del 2008.

-En ese contexto sorprende que la novela siga manteniendo la carga sexual, violenta, dolorosa y turbadora de sus anteriores novelas.

-Quizá porque el sexo es violento y perturbador. Lo único que hago es poner un espejo ante la vida.

-Uno de sus temas recurrentes es el de la culpa y la redención. ¿Se siente una persona religiosa?

-Formalmente, no, pero me interesa mucho la vida espiritual. Mis padres fueron educados como católicos pero no eran practicantes.

-Entonces, la recurrencia...

-Quizá yo me sienta culpable porque mi vida es mucho más fácil que la de mis padres, que trabajaron muchísimo y tuvieron una vida muy dura. Mi madre fue abandonada a los 9 meses porque en su familia eran demasiados hermanos. Mi padre era un obrero de la fábrica a quien le hubiera gustado ir a la universidad.

-Así que, con esas jornadas de escritura tan intensas, está demostrando que usted también es capaz de trabajar tan duro como sus padres.

-Nunca pude convencer a mis padres para que descansaran un minuto y yo me he criado en esa convicción. Jamás en toda mi vida me he tomado un día de vacaciones.

-¿Nunca?

-Para mí es muy difícil estar sin hacer nada. Me gusta la jardinería, disfruto cocinando y limpio la casa. Estas cosas cotidianas son agradables porque son fáciles en comparación con escribir.

-No me diga que sufre escribiendo.

-Sufrir, no. Quizá, frustrada. Pero tengo un sistema infalible para relajarme. A mi gata de largo pelaje le gusta dormir junto a mi ordenador y a menudo su cola, larga y espesa, se queda encima del teclado. Me encanta levantarle la cola suavemente y teclear bajo su largo pelaje.

-Creo que de la experiencia de su viudez ha surgido un nuevo libro que se publicará en febrero.

-Se llamaráWidow's story. Es una literatura traumatizada, pero no exenta de humor. Cuando te quedas viuda vives momentos muy extraños. Como acudir ante el juez para los trámites testamentarios junto a otras mujeres que han vivido tu misma experiencia y esperan su turno. O ver la casa llena de flores, o recibir, dos años después de su muerte, facturas a nombre de mi marido.

-Desdramatizó las cosas.

-No, las cosas no fueron dramáticas en absoluto. He leido otras memorias de viudas como las de Joan Didion, magníficas, pero las mías tienen más que ver con llevar una bolsa de la compra, que se te moje y rompa, y yo lloriquee: «Raymond, ¿por qué me has dejado sola?».

-Y su vida se ha convertido en una historia de superación a lo Oates, porque tras una muerte ha seguido adelante con una boda.

-Mi nuevo marido, un neurocientífico, también ha vivido tragedias domésticas, de manera que somos dos personas cojas y heridas. Pero su naturaleza es estupenda, muy optimista y positivo. Ha estado 10 veces en China y volverá en noviembre. Tiene mucha energía. Casi demasiada.

-¿Haber tenido a lo largo de su vida muchos episodios de taquicardia ha afectado a su escritura?

-Me hace sentir que tengo que trabajar rápido y que no puedo ser perezosa, siento que no tengo un tiempo ilimitado.

-¿Cómo le afectan las críticas?

-No busco mi nombre en internet. Escribí paraThe Guardianun artículo sobre la muerte de Ted Kennedy y los conservadores norteamericanos dijeron de mí cosas horribles, como que me deberían torturar. Así que nunca más he vuelto a mirarlo.

-Se ha anunciado que Naomi Watts protagonizará a Marilyn en la adaptación de su novela Blonde. Es una actriz dramática perfecta para plasmar el universo Oates.

-Ella es estupenda y el guión también es excelente, pero yo no tengo nada que ver con el proyecto. Siento una gran empatía por Marilyn. La mayor parte de la gente conoce su imagen pública, pero yo conozco a la huérfana, una niña a la que convirtieron en una diosa. La percibo como una nadadora que va contracorriente y finalmente se ahoga.

-Creo que ahora está escribiendo el reverso, una novela con heroína exitosa, estilo Hillary Clinton.

-Me interesa mucho ella. Hillary es una mujer increíble que ha sido primera dama, senadora y, ahora, secretaria de Estado. Ha alcanzado tantas cumbres y tiene tantos enemigos...

-Odiada por sus éxitos es también una definición que se podría aplicar a usted.

-Quizá pero en pequeñísima escala. De momento a mí nadie me ha querido matar y a ella seguro que sí.

-¿Si usted hubiera sido menos tímida habría terminado siendo escritora?

-Tengo muchos amigos escritores que no son tímidos. Hemingway no era nada tímido.

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-Hemingway escribía para demostrar lo fuerte que era. ¿Usted quizá lo hace para convocar sus miedos?

-Básicamente me gusta escribir. ¿Miedos? Es posible, pero también para dar cuenta de las cosas que encuentro graciosas, como por ejemplo, ser viuda.