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Mano dura (selectiva)

Ramón de España

Puede que mientras escribo estas líneas, nuestro querido ayuntamiento haya decidido ya si multa o no a Shakira por bañarse en una fuente pública y circular por nuestras ebúrneas calles en moto y sin casco. De momento, ya le hemos sacado unos euracos a U2 por hacer demasiado ruido durante unos ensayos, lo cual no me parece mal, más que nada porque estoy a favor de cualquier medida que merme los ingresos de esa pandilla de meapilas irlandeses. En cuanto a la colombiana, yo comprendería que se la multara si Barcelona fuese un ejemplo de limpieza, urbanidad y civismo, pero siendo como es una ciudad sucia, infestada permanentemente de chusma chancletera, con una guardia urbana que nadie sabe muy bien a qué se dedica, gente que aparca donde le sale del níspero y perturbados mentales que se pasean en pelotas con el trasero pintado de azul y un aro colgando del ciruelo, tomarla con la pobre Shakira resulta de una hipocresía lamentable.

Yo ya entiendo que el señor Hereu tenga ganas de mostrar firmeza ahora que parece que el doctor Trias lo va a enviar al basurero de la Historia, pero como dice el refrán, a buenas horas mangas verdes. Muchos le consideran uno de los peores alcaldes en toda la peripecia vital de nuestra querida ciudad. Y no falta quien considera que el difunto Copito de nieve habría hecho un trabajo mejor. Ante esta situación aterradora, es lógico que el hombre quiera hacer una machada, empujado probablemente por esos amigos de las focas y de la bicicleta en que se han convertido los restos de serie del PSUC, pero debería pensárselo dos veces: gracias al videoclip de Shakira, que se verá en todo el mundo, la chusma chancletera ya citada crecerá de forma exponencial, ayudando a cimentar el plan maestro de la administración Hereu, su gran legado a las generaciones venideras: la conversión de Barcelona en la versión corregida y aumentada de Salou o Lloret de Mar.

Un último detalle para indultar a Shakira: no solo se pasa la vida diciendo lo mucho que le gusta nuestra ciudad, sino que es de origen catalán, como indica su segundo apellido, Ripoll. No tengo la menor duda de que con esta medida magnánima, todos nos beneficiaremos: sobre todo Joan Puigcercós cuando se acerque a dar la tabarra por el Casal Català de Bogotá.

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