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Emociones falseadas

Albert Espinosa

Artículo 188. Tengo un amigo con una cualidad nada frecuente: puede hacer algo que el resto de los mortales no podemos conseguir si no partimos de una emoción que nos golpee de una manera intensa. Yendo al grano, lo que puede lograr es poner sus pelos de punta cuando lo desea. Es absolutamente increíble, pues en menos de 1,88 segundos todos los pelos de sus brazos se erizan como si algo sobrecogedor hubiese sentido.

Yo siempre le digo que es un don. Aún hemos de encontrar su utilidad. Pero lo mejor fue el otro día, que por primera vez conocí a su madre. Resulta que ella... Bueno, casi os lo cuento después de lo mejor de mi semana.

Tercera posición. Origen. La suma de una idea que me fascina y la maravilla del Rien, rien de la Piaff hacen que me sea imposible recordar nada más. Os aconsejo que os durmáis al ritmo de esa canción un par de noches.

Segundo lugar. Airbender. La había dejado todo el mundo tan mal que fui abocado al desastre, y la verdad es que salí entusiasmado del cine. Tanto y tanto que veré la segunda parte de cabeza. ¡Bravo, Shyamalan!

Primer puesto. Los mercenarios. Sigo pensando que Stallone sigue luchando en pro de esa gran cita que creó para esa maravilla que fue Rocky Balboa: «Cuanto mayor me hago, he de renunciar a más cosas. Y eso es injusto, eso debería ser al revés». ¡Adelante Sly, no renuncies a nada!

Y volviendo a la madre de mi amigo: el otro día la conocí en un ascensor. Estaba ella hablando con una vecina. Esta le comentó algo increíblemente intenso y doloroso sobre su vida y la madre de mi amigo dijo de repente: «Esto es tan terrible que se me han puesto todo los pelos del brazo de punta». La vecina se emocionó tanto al ver la piel de gallina que rompió a llorar aliviada. Y yo acabé emocionado ante esa doble emoción que se acababa de producir. Y es que la historia de la vecina y esa piel de gallina eran brutales.

Pero cuando nos quedamos solos, dudé de si aquella madre también tenía el superpoder de su hijo y era capaz de controlar su piel. La miré y estuve a punto de preguntarle, pero había sido tan intenso aquel instante que decidí que, a veces, las emociones, aunque sean falsas, te llenan y ayudan a la gente. ¡Feliz domingo!

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