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NOVEDAD

El libro 'Freaks' exhibe el lado más esperpéntico y extravagante del rock

El fotógrafo Xavier Mercadé rinde homenaje a los artistas más extravagantes

La obra incluye 190 fotos, la mayoría tomadas en 'shows' ofrecidos en Barcelona

JORDI BIANCIOTTO
BARCELONA

El fotógrafo barcelonés Xavier Mercadé las ha visto de todos los colores: lleva desde 1984 inmortalizando actuaciones de variado pelaje, con énfasis en la parcela rockera, y dispone de un archivo gigantesco, fruto de comerse, una misma noche, dos o tres shows; a veces, con el tiempo justo para pulsar el disparador y correr a la siguiente sala. Ahora rinde homenaje a sus monstruos favoritos en un libro, Freaks. La cara oculta del rock (Quarentena Ediciones), idóneo para degustadores de delicias extremas: vísceras sintéticas, sangre falsa en hectolitros, visionarios de otro mundo y alegres atentados a los cánones universales del buen gusto.

«Si tienes que elegir entre Liam Gallagher (Oasis) y a Gene Simmons (Kiss), está claro adónde se te va primero la vista», confiesa Mercadé, cuyo trabajo se ha publicado en la mayoría de las revistas musicales de este país, y que en 1993 fue cofundador del grupo editorial Enderrock. Para él, en el rock, el componente de espectáculo no es imprescindible, pero sí deseable. Su libro pasa revista a todos los clásicos del shock rock, como Alice Cooper, Ozzy Osbourne y Kiss, y no se olvida del malogrado Screamin' Jay Hawkins, que cantaba desde un ataúd y utilizaba gadgets del vudú, y a quien cazó a su paso por la primera edición del festival Blues & Ritmes, de Badalona (1989).

Freaks contiene 190 fotos ordenadas por su temática: nudismo (The! Fuck, Texas Terri, el concejal de Reus Ariel Santamaria...), maquillaje (de Twisted Sister a Insane Clown Posse), shock metal (Rammstein, Marilyn Manson...). Como indica en el prólogo Alfred Crespo, codirector de Ruta 66, «el triunfo necesita al fracaso», y muchos de los protagonistas de estas páginas son apestados del relato oficial del rock. Gente como Gwar, que, cuando su actuación ha terminado, se dedica a limpiar la sala de los líquidos y desperdicios que ha vertido en el show. «La primera vez, en el Garatge Club, me mancharon de arriba a abajo. La segunda, en el KGB, ya fui con chubasquero». Más arriesgado fue fotografiar a Iggy Pop en Studio 54, en 1991. «Había que ir esquivando sus golpes de micro».

El libro se deleita en el petardeo discotequero (Village People), el kitsch mitológico (El Vez, adorador de Elvis Presley en clave azteca) y el freakismo celtibérico: de los Hermanos Calatrava a Mojinos Escozíos. No todos los protagonistas de estas páginas tienen, según Mercadé, voluntad de freaks. «Josmar o Chimo Bayo, por ejemplo, no son conscientes de serlo». En el otro extremo, Jim Rose es un profesional de la perfomance y el contorsionismo, como se vio en el Doctor Music Festival de 1997.

DELIRIOS DE UNA NOCHE / También hay freaks por un día (o una noche). Como El Canto del Loco, convertidos en zombies en su última actuación en el Palau Sant Jordi; Love of Lesbian, que pueden cerrar un show disfrazándose de astronautas, o los dos titulares de El Último de la Fila, que en 1987, en KGB, se convirtieron en Las Burras (homenaje a su extinta banda Los Burros) y actuaron con pelucas y faldas, rebautizados como Manuela García y Quimeta Portet.

Mercadé sabe que el efecto sorpresa tiene un límite, y que aquello que en otros tiempos escandalizaba, hoy se consume con humor. «Pero siempre puede salir alguien que rompa moldes, una Lady Gaga; tengo ganas de fotografiarla», apunta.Ahora tiene entre manos otro proyecto: un libro de fotos del punk catalán y vasco del período 1984-90.

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