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crítica

'Airbender', el último guerrero Shyamalan, en caída libre

NANDO SALVÀ

Basándose en una popular teleserie anime sobre un chico de oro capaz de controlar el aire, el agua, el fuego y la tierra, M. Night Shyamalan trabaja aquí por primera vez a partir de una idea ajena y eso, dado el creciente fracaso de sus ideas propias, suena prometedor. Sin embargo, al hacerlo se magnifican sus deficiencias en aspectos fundamentales como el trazo de personajes, la orquestación de acciones e incluso el tejido de una historia sustancial. Shyamalan maneja un relato esencialmente idiota con inexorable solemnidad. Siempre ha estado erróneamente convencido de su propia profundidad, pero eso al menos le ayudaba a crear atmósferas usando el tempo paciente, el suspense y elementos sobrenaturales tratados con simplicidad cotidiana. Pero lo más llamativo acerca de esta película es la completa falta de ritmo con la que combina una sucesión de frenéticos incidentes y montones de voces en off y diálogos diseñados solo con fines expositivos.

En pocas palabras, por muy fallidos que acabaran siendo los intentos de Shyamalan de emular a Rod Serling (La dimensión desconocida), resultan gloriosos si se comparan con su imitación de George Lucas. Ninguna de las interminables escenas de niños practicando taichí rodeados de bolas de fuego y burbujas de agua generadas por ordenador resulta mínimamente competente, en buena medida por culpa de un 3D añadido en posproducción tan infame como el de Furia de Titanes, que da al filme una apariencia oscura, borrosa y desenfocada y a cambio no proporciona profundidad alguna. Shyamalan concibió Airbender como la primera entrega de una trilogía. Afortunadamente, nadie en Hollywood le va a dejar continuar con ella.