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Toy Story 3, un canto a la vida

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N. S.

Los juguetes protagonistas deToy Story 3representan la niñez misma. Deshaciéndose de ellos, el joven Andy dice adiós a su infancia, del mismo modo que muchos amantes deToy Story(1995) lo han hecho en estos últimos 15 años. Y gracias a la lucha por la dignidad y la supervivencia de esos objetos plásticos adorados y hoy desechados, el fantasioso universo de Pixar se apropia aquí de la pegada emocional de una obra de Tennessee Williams, porque, ya puestos, los intentos de Buzz y Woody de que vuelvan a jugar con ellos no son sino un recordatorio de la condición finita de nuestra existencia.

Dado su foco en la transitoriedad de la vida humana, Toy Story 3es algo más sombría que sus antecesoras, cualidad que el director Lee Unkrich procura contrarrestar con una serie de trepidantes secuencias de acción que convierten la película en una especie de versióncartoondeLa gran evasión y que por momentos también alude a otros títulos del cine de fugas carcelarias, de terror y también del wéstern ¿de hecho, los obstinados intentos del viejo vaquero Woody de reconstituir una unidad familiar fracturada parecen sacados deCentauros del desierto.

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Mientras articula esas citas,Toy Story 3explora una gama de técnicas cinematográficas inimaginables en los primeros dos capítulos ¿coreografías dignas de una película de Jason Bourne; astutas composiciones y ágiles movimientos de cámara; cambios en la saturación del color y en la textura de la luz¿, que más bien parecen emparentarla conWall-EyUp, recientes producciones de los estudios Pixar que, no es casualidad, también hablan con melancolía del valor de la memoria, la muerte y el apego a la vida. Y también, dicho sea de paso, son obras maestras.

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