Descubrir las letras persas

El convulso Irán del siglo XX emerge a través de su literatura

Las obras de tres iranís retratan el país bajo los regímenes del 'sha' y de Jomeini

Iraj Pezeshkzad, Shahriar Mandanipour y Azar Nafisi viven hoy en el exilio

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CARLOS MARTÍNEZ SHAW / Barcelona

La realidad iraní del siglo XX, vista desde tres ópticas distintas pero complementarias y unidas por múltiples lazos, es lo que tienen en común tres novedades recientes escritas por autores nacidos en Irán pero que se han visto abocados al exilio. El diplomático Iraj Pezeshkzad vio desde Francia, donde vive actualmente, cómo el ayatolá Jomeini prohibíaMi tío Napoleón, novela publicada en 1973, en el periodo final de la dictadura delshaReza Pahlevi, para quien desempeñó varios cargos; Azar Nafisi, autora deLeer Lolita en Teherán, y Shahriar Mandanipour residen hoy en Estados Unidos, donde son docentes, la primera en la Universidad John Hopkins, el segundo, en Harvard. Mientras la República islámica gobernaba Irán ambos escribieron sus respectivos libros –Cosas que he callado yUna historia iraní de amor y censura– en inglés muy lejos de su país.

SHAHRIAR MANDANIPOUR

Burlar la censura en una historia de amor

En la excelenteUna historia iraní de amor y censura(Lumen / Proa) Shahriar Mandanipour (Shiraz, 1957) explica el proceso de creación de una novela de amor en Irán manejando la censura previa para evitar la oficial que no permitiría la edición de su obra. Así, el discurso se articula armónicamente en tres niveles: la reflexión autobiográfica del autor en su trato con la implacable censura del Ministerio de Cultura y Orientación Islámica, la historia de amor entre los estudiantes Sara y Dara y el sistemático tachado de palabras o párrafos (que el lector entrevé bajo la raya que trata de ocultarlos) para evitar el rechazo definitivo de los señores de las tijeras ideológicas.

En el primer nivel se desvelan las prácticas de un régimen que ha declarado la guerra a las mujeres (desde las rebeldes hasta las que defienden la Revolución islámica bajo la acción de un sistemático lavado de cerebro) y que ha establecido la peor de las dictaduras, la teocrática. Ahí, las escenas oscilan entre el horror psicológico y el esperpento de los jueces cinematográficos, cercenando las partes descubiertas del cuerpo femenino o alterando el parentesco entre los protagonistas (¿recuerdan el paso de esposa a hermana del personaje de Grace Kelly en elMogambofranquista?) para hacer inocua una escena que podría inducir al pecado y la condenación eterna.

LOS CLÁSICOS / El segundo y el tercer nivel revelan la historia de amor, vehiculada a menudo a través de los libros. Y ello porque las más bellas historias de amor de las letras iranís están en la literatura clásica, en narraciones en verso de los grandes poetas, sobre todo en la historia de Cosroes y Shirin de Nizami, admirado autor sufí del siglo XII. Y porque las obras de la literatura universal, que ensanchan alma y corazón, están aquí prohibidas por la ortodoxia islámica, incluso los textos iranís más emblemáticos del siglo XX, como la poesía de Forough Farrokhzad (indispensable en la formación de Azar Nafisi) o las novelas y cuentos magistrales (El búho ciego,La lechuza ciegayTres gotas de sangre), del gran Sadeq Hedayat, el genio que se suicida en París y referencia constante para Mandanipour.

Pero la hermosa historia debe ser censurada una y otra vez por el autor, condenando a los enamorados a la más triste de las frustraciones... Y ante la aparición del terrible enano jorobado que les acecha, el escritor renuncia a su novela de amor y huye en una alfombra voladora antes de que la tiranía teocrática consiga llevarle a la locura y la desesperación.

IRAJ PEZESHKZAD

Una comedia con un Quijote napoleónico

Iraj Pezeshkzad (Teherán, 1928), que trabajó para elsha, se exilió en París cuando se proclamó la República islámica en 1979.Mi tío Napoleón (Ático de los Libros, traducido del original en farsi por Víctor Fuentes), es una de las lecturas más populares en Irán, antes y después de ser prohibida por Jomeini, que declaró la guerra a toda obra que se distanciase un milímetro de la ortodoxia musulmana chií.

Mi tío Napoleónresponde por fecha de publicación (1973) al periodo final de la dictadura delsha, una dictadura que quedó en parte diluida en el imaginario colectivo por la comparación con el fanatismo inquisitorial del nuevo régimen islamista. Desde otro punto de vista, el libro refleja el ambiente del Irán de los años 40, cuando el país estaba intervenido por ingleses y soviéticos, lo que explica la virulencia antibritánica del protagonista, cuyo seudónimo responde a su identificación con el enemigo histórico de los ingleses, Napoleón Bonaparte. Su figura, en la que a veces se ha querido ver la de un Don Quijote persa, es la de un aristócrata defensor de viejos principios en una sociedad en transformación, aquí representada, en el reducido marco de un jardín compartido por una familia extensa, por el protagonista, su criado (también imaginado como un Sancho Panza, famoso por su frase proverbial: «de aquí a la tumba hay cuatro dedos»), otros familiares y los vecinos (y vecinas), enzarzados en una discusión interminable sobre nimiedades.

EL SEXO / La ficción muestra un mundo doméstico donde reina una auténtica libertad limitada por la ley civil y donde, las relaciones sexuales, lícitas e ilícitas, encuentran diversos cauces para su consumación, como en la mejor literatura picaresca.Mi tío Napoleónes una suave comedia que toma mucho de los modelos occidentales y que puede recordar aLas aventuras del buen soldado Svejk, de Jaroslav Hasek, a los personajes de P. G. Wodehouse y a las intrigas de un vodevil francés de ritmo pausado, pero con las mismas situaciones equívocas, los mismos enredos amorosos y las mismas invenciones estrafalarias destinadas a provocar la sonrisa (más que la hilaridad).

AZAR NAFISI

Historia familiar tras

'Leer Lolita en Teherán'

A Azar Nafisi (Teherán, 1955) se la conoce en España gracias aLeer Lolita en Teherán, donde narró la experiencia de un grupo de jóvenes iranís en un club de lectura de literatura occidental. Ahora, enCosas que he callado(Duomo), la autora propone la reconstrucción, muy sincera, de la historia de su familia, de la admiración por su padre (alcalde de Teherán, encarcelado varios años en tiempos desha), de las difíciles relaciones con su madre (parlamentaria al amparo de la liberalización política de los años 60) y de su vida con su esposo e hijos, ya en el exilio estadounidense.

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El interés de la obra no solo radica en el aroma a realidad vivida en primera persona, sino en los íntimos vínculos entre la biografía individual de Nafisi y las vicisitudes colectivas de la sociedad iraní de la segunda mitad del siglo XX. Descubre las contradicciones del régimen delsha, que busca convertirse en un autoritario impulsor de la modernización del país, una especie de Atatürk a la iraní, poniendo el acento en la lucha contra el poder del clero islámico y fomentando la idea de la Persia preislámica como el momento de mayor esplendor de su historia.

Después viene la esclerotización del sistema, la actuación de la policía secreta contra todo germen opositor y el ascenso al poder de Jomeini, que organiza la feroz dictadura política e ideológica de los clérigos chiís. De ahí que el libro, con interesante material gráfico del archivo familiar de Nafisi, constituya un testimonio fehaciente de los mecanismos que llevaron a Irán a su triste situación actual.