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Ideas

El último aliento de Edison

Albert Espinosa

Artículo 180. Y por fin llegó el calor. Lo admito, me encanta el calor. Creo que debo ser de las pocas personas que disfruta cuando la temperatura sube y comienzas a sudar. La pena es que casi nunca pasa esto, porque el mundo es de los frioleros y ellos controlan el aire acondicionado. Así que: a llevar suéteres en el cine, en los grandes almacenes y vuelta al invierno...

Tengo un amigo que es pro-frío y no me comprende. Pero yo tampoco le comprendo a él. Y es que una de sus pasiones es ir a ver trozos de personas que están expuestos en museos. Os lo juro, ha visto el dedo de Galileo en el Museo de la Ciencia de Florencia, los cabellos de los primeros 14 presidentes de los Estados Unidos en la Oficina de Patentes y hace poco dice que estuvo delante del mismísmo... Casi os lo cuento después de lo mejor de mi semana.

En tercera posición, la Master Class de Tom Fontana. Siempre es un lujazo escuchar a un escritor ganador de cuatro Emmy. Me encantó cuando explicó que siempre escribía a las 5.30 de la mañana porque la noche anterior soñaba todos los diálogos.

El segundo lugar es para Pesadilla en la cocina (Antena Nova). Me he vuelto fan de este programa. Me encanta ese chef echando pestes de restaurantes que no dan buen servicio. Imposible ver tan solo un par de minutos si zapeas.

En el primer puesto, La Gavina (Sala Villarroel). Acabé absolutamente entusiasmado y emocionado. Increíble la pasión de todo el elenco. Me alucinó la genialidad del maestro Andreu Benito y la fuerza de la increíble Maria Rodríguez. ¡No os la perdáis porque es brutal!

Mi amigo vio hace poco en un Museo de New Jersey el último aliento de Edison. Dicen que Henry Ford era tan amigo de Edison que le pidió a su hijo que capturara el último aliento de su padre antes de morir porque pensaba que ahí estaría el alma del inventor.

Y le pregunté dónde guardaban ese último aliento y me dijo que en una pequeña probeta de 18 centímetros. Y la verdad es que me quedé decepcionado. No se porqué pensé que reposaría dentro de una bombilla. Hasta me imaginé que sería poético que el último aliento de Edison mantuviera incandescente perpetuamente la bombilla. Y nos quedamos pensando en ese aliento, en esa bombilla hasta que el aire acondicionado del bar nos congeló y recordé que era verano.

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