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'Madres & hijas', contención y previsibilidad

'Madres & hijas', contención y previsibilidad
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QUIM CASAS

TrasPassengers, su no muy inspirada incursión en la variante del género de los fantasmas que no saben que lo son, Rodrigo García regresa a lo que mejor sabe hacer.Madres & hijas,aunque de resultados menos atractivos, está en la línea deCosas que diría con solo mirarlay Nueve vidas, es decir, historias independientes que atañen a diversos personajes que pueden estar o no ligados entre sí.

La cadencia más episódica deNueve vidases suplida aquí por el relato fragmentado de tres mujeres cuya existencia gira en torno a la ausencia de los hijos o la búsqueda de los mismos. Los resortes son ya demasiado formularios para sorprendernos, pero aún así, y gracias sobre todo al siempre convincente trabajo de las actrices en el cine de García, la película funciona con cierta pulcritud y aislada intensidad.

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Las tres mujeres pertenecen a ámbitos y situaciones emocionales bien distintas, aunque al final del relato sus peripecias acaban uniéndose de una u otra forma. Annette Bening da vida a la mujer madura que tuvo una hija en edad adolescente y tuvo que darla en adopción. Naomi Watts es una mujer joven, ejecutiva decidida y agresiva, cuya existencia ha estado marcada por la desaparición de su madre biológica. Y Kerry Washington es una joven decidida a adoptar un hijo ante la imposibilidad de gestarlo.

García mueve bien las piezas, aunque incurre en un ternurismo ausente en sus primeras películas. El filme es tan contenido como previsible, con alguna solución de guión impostada. Si la parte que atañe a Annette Bening tiene incluso un punto moralista, la frialdad con que se muestra las relaciones entre Naomi Watts y su jefe, Samuel L.Jackson, confieren a la cinta su mejor registro.