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Calcetines y petardos

Albert Espinosa

Artículo 178. Llevo ya unos días mirando las caras de los perros que me cruzo por la calle y veo en ellos tristeza y miedo. No es algo nuevo, cada año noto como los perros huelen la pólvora, escuchan los estruendos y saben que Sant Joan está al caer. Eso les aterra.

Pero no es de su cara de pena sobre lo que quiero hablar, sino sobre los calcetines y la capacidad de nuestro cerebro para distinguir entre uno mismo y un desconocido. Sé que suena raro pero es tan apasionante el estudio que creo que ya no soy el mismo después de haberlo conocido. Resulta que los investigadores han descubierto que cuando te pones unos calcetines notas cómo la goma aprieta tu tobillo durante un corto periodo de tiempo y eso es debido a que... Bueno, casi os lo cuento después de lo mejor de mi semana.

Tercera posición. Banda ampla (TV-3). Me entusiasma cuando veo a alguien que desea hablar, se mueve de forma inquieta y no sabes si apretará el botón y dará su opinión. El poder de la búsqueda de la palabra es fascinante.

Segundo lugar. El escritor. ¿Puede un fotograma incrustarse en tu cabeza y sustituir al resto del metraje? Pues eso es lo que me ha pasado, sus últimos 17,8 segundos son tan impactantes que se han convertido en toda la película. Tiemblo al visualizarlos.

Primer puesto. Non solum. Salí tan fascinado que supe que no sabría cómo resumir en dos líneas la maestría y el talento de Sergi López. Es absolutamente sobrecogedor como cambia de tamaño y de profundidad. ¡Obra maestra!

Volviendo a por qué no notamos la presión de la goma de los calcetines, los investigadores descubrieron que era porque el cerebro reconocía que nos los habíamos puesto nosotros y sabe que no somos un peligro. Lo curioso es que si alguien nos presiona con la misma intensidad que nuestros calcetines, el cerebro nos avisa al instante. Eso es porque el cerebro distingue entre el propio contacto y el de otra persona. Por ello tampoco podemos hacernos cosquillas. Es tan alucinante que hasta dicen que distingue entre el roce conocido de la gente que nos ama y el roce extraño de los desconocidos que nos desean.

Y yo me pregunto: ¿los perros se asustarán menos si los petardos son lanzados por sus amos? ¡Feliz domingo!

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