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crítica

'Kick-ass, Listo para machacar', carnicerías amorales

Quim Casas

Los protagonistas de este híbrido de Watchmen y Supersalidos adornado de la cartoonesca y desmedida violencia tarantiniana son libres de hacer lo que Batman y Superman nunca podrían: matar a ladrones y narcotraficantes con cuchillos, espadas y escopetas. Así, difuminando las líneas morales con las que definimos a nuestros héroes, Kick-Ass se revela como una adaptación de cómic subversiva. O casi.

Si la intención de Mark Millar y John Romita, Jr, creadores de la novela gráfica original y frikis en toda regla, es meditar sobre el efecto de los cómics de superhéroes y la ficción hiperviolenta en la psique de sus consumidores, el director Matthew Vaughn, que no es un friki sino está casado con Claudia Schiffer, pretende solo ofrecer carnicerías vistosas y amorales, que son muy cool. Finge poner al superhéroe en el diván pero, en vez de eso, lo pone en un altar. La deconstrucción es un mero disfraz.

Vaughn nos muestra cuerpos humanos espachurrados, aplastados, ensartados, explosionados y quemados vivos, no para demostrar que la violencia de tebeo, practicada en la vida real, tiene consecuencias verdaderas sino para que la disfrutemos como algo absurdamente excesivo. Y, sin embargo, uno no puede evitar sentirse algo culpable, por experimentar placer fetichista al ver a la niña de 11 años Hit-Girl (Chloë Grace Moretz) haciendo rodar cabezas vestida de colegiala, y por pasar la mayor parte de la película queriendo contemplarla en acción, una y otra vez.

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