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Ni ética ni estética

Ramón de España

Al fumador español –ese ser despreciable y dañino, según el Gobierno que se lucra con sus impuestos– se le viene encima otra agresión visual de mucho cuidado: como no era suficiente afear las cajetillas y marranear la obra de los diseñadores gráficos con las amenazas de rigor –te dará un patatús, no se te levantará nunca más y la acabarás diñando entre horribles estertores–, ahora van a colocar unas imágenes de lo más gore sobre las putrefactas consecuencias del tabaco, consiguiendo que la gente lleve en el bolsillo un objeto asqueroso que provoque el vómito general en cuanto quede expuesto a la luz pública.

Dejando aparte lo hipócrita e inútil del asunto –a lo máximo que llegará el fumador sensible es a adquirir una pitillera–, creo que el tema debería tener una respuesta estética que, desde aquí, urjo a adoptar por parte de la SGAE, el VEGAP, la APIC o quien convenga. ¿Con qué derecho se pisotea la obra de unas personas que, hace muchos años, dieron lo mejor de sí mismas para presentar de la forma más atractiva posible un producto legal?

Las cajetillas siempre han sido un icono de la cultura popular, desde las joyitas metálicas de principios del siglo XX –recuerdo las de Abdullah que fumaba mi abuelo–, pasando por las de cartoncillo –Gitanes o Player’s–, las de glorioso cutrerío español

–Celtas e Ideales– o las glamurosas marcas de Estados Unidos,entre las que brilla Lucky Strike, un magnífico diseño del gran Raymond Loewy.

¿Merece todo ese trabajo ser ocultado por unos pegotes que recortan y desvirtúan el original? ¿Es que aquí no rigen los derechos de autor ni un mínimo sentido estético? El alcohol puede conducir a la cirrosis, pero a nadie se le ha ocurrido tapar la etiqueta de JB con la foto de un dipsómano ahogándose en su propio vómito...

Decía don Miguel de Unamuno que a los catalanes nos pierde la estética. Debía de ser en sus tiempos, porque ahora no veo yo que ninguna entidad que represente a nuestros diseñadores haya puesto el grito en el cielo ante semejante barbaridad. Mientras que en EEUU, donde más en serio se han tomado la lucha contra el tabaco, a nadie se le ha ocurrido ciscarse en las pequeñas obras de arte de la industria tabaquera.

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