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entrevista con la Escritora

Åsa Larsson: «Creí que mi madre iría al infierno por ser lesbiana»

La creadora de la serie de la abogada Martinsson publica la continuación de 'Aurora boreal', todo un superventas sueco

ANNA ABELLA
BARCELONA

En Sangre derramada (Seix Barral / Columna), premio a la Mejor Novela Negra Sueca 2004, que esta semana llega a las librerías, Rebecka Martinsson intenta superar la grave depresión que le causó un año antes el sangriento desenlace de Aurora boreal, ópera prima de Åsa Larsson y primera entrega de la serie, que sigue en las listas de best-sellers. Traducida a 30 países, en España ha vendido 156.000 ejemplares (17 ediciones en castellano, 4 en catalán). En Suecia, más de un millón. Dos semana antes de viajar a Barcelona para el festival BCNegra, Åsa Larsson responde desde su país a las preguntas de EL PERIÓDICO. No es pariente del Stieg Larsson de Millennium pero le gustan sus libros y los de otros suecos ilustres como Henning Mankell y Sjöwall y Wahlöö. Se identifica con la solitaria Rebecka y, como madre, con el personaje de la policía Anna-Maria Mella. Juntas descubren una Suecia oscura y nada idílica.

–La loba es todo un personaje en Sangre derramada. ¿Qué significa? 

–Lobos. ¿No son criaturas asombrosas? Sobreviven al calor del desierto y al clima ártico. Son muy sociables. Un equipo. Cazan y cuidan juntos de los cachorros. ¿Pero si a uno se le margina, qué queda? Los lobos siempre me han fascinado, desde niña, cuando mi padre me contó que vio uno cuando pescaba en invierno. En Suecia hay una gran discusión sobre los lobos. Muchos cazadores y granjeros los odian. Y hay muchos mitos sobre ellos, como que comen niños. Para unos son el diablo reencarnado, para otros el símbolo de un espíritu libre y cariñoso.

–Trata temas como el aborto, el lesbianismo, el maltrato y la discriminación de las mujeres. ¿Quiere llamar la atención sobre ellos?

–Supongo que está en mi agenda personal. Cuando tenía 16 años mi madre dejó a mi padre por otra mujer. Mantuvo una relación con esa mujer durante 20 años. Me había unido a una iglesia libre y durante mucho tiempo pensé que mi madre iría al infierno debido a esto. Cuando salí de la iglesia me sentí tan aliviada que no pensé así nunca más. Si hay dios, si hay un cielo, nos reuniremos todos allí, estoy segura. Vestir largas faldas y aguantar un mal matrimonio no te garantiza la entrada en él.

–En Aurora boreal y en Sangre derramada aparecen asesinados miembros de una iglesia que es casi una secta. ¿Una obsesión suya?

–Tengo una dificultad con las organizaciones piramidales, jerárquicas, que aseguran que están en el lado de Dios. Miren todo el mal que está haciendo la iglesia. Sé que hace cosas buenas también, pero he tenido tantas reacciones de lectores sobre las cosas malas que les han hecho los sacerdotes...

–Usted, como Rebecka, vivió ese ambiente, su familia pertenecía a una iglesia. ¿Eso le influyó?

–Mi madre y padre provienen de las familias laestadianas, que es un movimiento religioso muy estricto dentro de la iglesia. Mi abuelo ganó el oro olímpico en 1936, en la prueba de esquí de 18 km, y tras abandonar la competición se hizo predicador. Tenía una posición muy elevada en la comunidad religiosa. Lo recuerdo como alguien muy duro y estricto.

–Curiosamente su compatriota Camilla Läckberg también ambienta su serie negra en su pueblo natal. Son pequeñas comunidades aparentemente tranquilas que tienen un lado oscuro. ¿Una vuelta a los orígenes?

–Los autores lo han hecho siempre,  el volver a los lugares donde crecieron. Puedo vivir en cualquier parte del mundo, pero mi hogar siempre estará en Kiruna, mi pequeña comunidad de una explotación minera 200 kilómetros al norte del círculo polar. Entiendo lo que la gente habla, lo que piensa. Conozco los ríos, los bosques y las piedras. Dónde pescar, dónde recoger bayas.

–En España la han promocionado diciendo que Stieg Larsson, creador de Millennium, se pasó una noche en vela leyéndola. ¿Lo sabía?

–Tenemos un autor en Suecia llamado Stig Larsson al que mi libro gustó mucho. No era ese Stieg Larsson, él murió sin escribir de sus colegas.

–¿Qué opina de Stieg Larsson y de lo que ocurre con su herencia y su viuda, Eva Gabrielsson?

–Conozco a Eva Gabrielsson. Es muy íntegra y cariñosa. Me pregunto cómo la familia de Stieg se sentirá si hay una vida futura y se lo encuentran allí. ¿Qué dirán? Eva fue el escudo y la compañera de Stieg durante toda su vida.