Escritor y pintor

Manuel Baixauli: «Quiero tener la lucidez del moribundo sin serlo»

El autor del multipremiado 'L'home manuscrit' se reinventa reescribiendo los inquietantes relatos de su primer libro, 'Espiral' (Proa).

Manuel Baixauli

Manuel Baixauli / DANNY CAMINAL

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ANNA ABELLA
BARCELONA

Lejos de su apacible Sueca natal, Manuel Baixauli pasea los miedos cotidianos que pueblan sus brevísimos cuentos por la Rambla del Raval de Barcelona. Lo suyo era la pintura pero decidió emular a sus amigos escritores y en 1998 presentó su ópera prima,Espiral, al Ciutat de Badalona y lo ganó. Ahora reedita este «inventario de imaginaciones, de ficción concentrada», dos años después del éxito de su novelaL’home manuscrit.

–En el epílogo de Espiral

–En Sueca la gente me conoce como pintor, aunque ahora pinto poco porque escritura y familia me ocupan mucho tiempo. Pintar y escribir me hacen sentir realizado. Escribir es bueno, nos hace reflexionar. Yo vengo del mundo del arte y para mí la literatura es un arte. En la pintura me gusta combinar textos e imágenes y en lo que escribo hay mucha imagen, como enEspiral.

–¿Por qué reescribirlo?

–Porque fue un libro fantasma, ganó un premio y se publicó pero no tuvo difusión, aunque entusiasmó a la poquita gente que lo leyó. Un amigo me sugirió que lo reeditara. Hacía 11 años que no lo miraba y al hacerlo aún me emocionó. Lo he reescrito por respeto a los lectores, porque vi que no estaba al nivel deL’home manuscrit. Tenía las típicas imperfecciones del principiante: ser demasiado obvio y explicar demasiado. Así que quité adjetivos y podé mucho para ser más sutil. Los cuentos ahora son más claros y fáciles de leer y menos obvios. Narrar es seducir y para seducir al lector no le puedes satisfacer toda su curiosidad ¿no? Hay que dejar zonas de penumbra.

–Es un «reescritor» que habla con el Baixauli de hace 12 años.

–Necesitaba explicar la historia del libro y convertí el epílogo en un cuento donde hablo con el primer autor deEspiral. Cuando yo tenía 20 años ¿qué quería ser, a qué aspiraba? Dialogar con esa persona que eras para ver lo que has llegado a ser, dónde quedan las expectativas... Me gusta mirar atrás y ver qué ha aguantado el paso del tiempo y qué no. Soy partidario de rehacerlo todo, de reinventarme. ReescribiendoEspiralhe saneado un poco mi pasado.

–¿Cuál es su fuerte?

–La imaginación es lo único que me ha regalado la genética. Soy un ignorante en casi todo pero tengo facilidad para inventar. Cada noche me invento un cuento y lo cuento a mis hijos. Improviso. Tengo mil ideas pero escribiendo soy lento. Ando en la oscuridad, en el vacío. No sé qué voy a hacer en la próxima página, en la próxima pincelada, pero las que se salvan te llevan a lugares insospechados. Me interesa lo imprevisible. Partir de lo conocido y lo cotidiano hacia lo desconocido, el misterio.

–Suicidios, atropellos, homicidios... la muerte es omnipresente.

–La conciencia de la desaparición, la muerte, el olvido, que ya aparecía enL’home manuscrit, cohesiona los 68 relatos. Me gustaría poder mirar las cosas con la lucidez del moribundo, del que sabe que se va, pero sin serlo. Eso me obsesiona desde niño.

–Y están plagados de fantasmas.

–Yo vengo de la tradición clásica del cuento, la de la Biblia,Las mil y una noches, Poe, Borges... Hay otra moderna, la de Chéjov, Hemingway, Pàmies o Monzó. Como lector me gustan las dos, como escritor, la clásica. Vengo del cuento oral, del de fantasmas y terror, pero no hago fantasía, ya que siempre hablo de lo cotidiano aunque mezcle sueño y realidad.

–Los personajes son solitarios.

–Es que siempre estamos solos. Cuando te pasa algo grave te das cuenta de lo solo que estás. Yo lo viví: tuve una enfermedad muy rara que me dejó 42 días paralizado, igual que una piedra pero consciente. En el libro de la maratón de TV-3 lo explico. Era un síndrome que no se sabe por qué se produce ni cómo se cura. No podía expresarme, comer, respirar. Tenía la sensación de estar en un pozo oscuro viendo arriba un agujero por donde se asomaban mis familiares pero no podía decirles nada. ¡Estaba solo! Era insoportable. Mi nueva novela parte de esa experiencia.

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–¿Aquello le cambió?

–La visión de la vida no. Hay que valorar el presente porque es irrepetible y se acaba. Pero ahora soy más radical y tengo poca paciencia, no me gusta esperar. La vida es demasiado corta.