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ENTREVISTA CON EL Escritor

Josep Maria Espinàs: «No me jubilo de observar y de escribir»

A los 82 años, el creador dels 'viatges a peu' recoge reflexiones, observaciones y confesiones en 'I la festa segueix' (La Campana)

Anna Abella

Josep Maria Espinàs: «No me jubilo de observar y de escribir»

CESC GIRALT

A sus 82 años, no piensa dejar los dulces ni la sobrasada por la lechuga. Afirma que no es un perfeccionista ni en el oficio de vivir ni en el de escribir y le gusta visitar cementerios para hacerse una idea de la historia de los vivos. Josep M. Espinàs recoge breves reflexiones y observaciones fruto de su visión de la vida como «el plaer és el fruit ocasional de la normalitat» o «voler allò que pots. Això és la sort» en I la festa segueixque sigue la línea autobiográfica de Temps afegit. Además, La Campana recupera, con fotos suyas, el reportaje sobre la última feria de animales de Salàs, publicado en Destino en 1959.

–«Necessito acostar-me als detalls», escribe. La observación está muy presente en su escritura.

–Sí que quizá todo se basa en la observación del otro, de la realidad. En El temps afegit escribí unas prosas (una palabra que hoy no está de moda) sobre cosas que me interesaban, con una pequeña cantidad de autorretrato y una gran cantidad de observación. Me he jubilado de llevar bigote y del trascendentalismo, pero no de observar y de escribir.

–Cuenta que Josep Pla escribía en la cama y Georges Simenon con las ventanas cerradas. ¿Y Espinàs?

–Sigo fiel a mi vieja Olivetti y puedo escribir en cualquier parte. De joven escribí novelas enteras en un café.

–No se alimenta del pasado sino del presente pero en el libro evoca recuerdos de infancia, de viajes... 

–Yo soy muy presentista. El pasado lo tengo muy olvidado y en el futuro no pienso. Esos recuerdos son un bagaje importante pero no me interesa explicar mi pasado. No tengo memoria cronológica sino visual y evoco imágenes de lugares, personas y hechos que valen por sí mismas y por el ritmo con el que están narradas. Hoy no se valora el ritmo y muchos textos se estropean por falta de él.

–«Sóc un home de mirada curta».

–Estoy muy pendiente de lo que tengo cerca. Me gusta más un árbol que un bosque porque el árbol tiene un carácter, individualidad. En el bosque hay tantos que no ves ninguno.

–¿Cómo empezó a escribir?

–De pequeño no quería ser escritor. No lo decidí, me encontré siéndolo. «Defínase en tres palabras», me pidió un entrevistador en el franquismo. «Ese de gafas», le dije, porque así me llamaban en milicias. Pero quien mejor me ha definido nunca es una mujer, en un viaje a pie por la Terra Alta. Me preguntó: ‘A vosté no li diuen escriptor?’. No dijo ‘Usted es escritor’. Acertó. Yo soy una persona a la que llaman escritor, no la que ha querido serlo o se autoproclama escritor.

–Ha publicado más de 80 libros. No hay duda de que, como asegura, «El meu ofici m’ha omplert la vida».

–Soy una persona afortunada que ha desempeñado su oficio como ha querido, en libertad y sin subvenciones. Vivir no me cansa, escribir tampoco. Si tengo dolor de cabeza, escribiendo desaparece. Mi cerebro se pone en marcha y está un poco ausente. Escribo sin guión, sin saber qué saldrá. Es como respirar. Tal como lo pienso lo escribo, no planifico ni corrijo ni rehago mis textos.

–Lleva casi 10.000 artículos como los que a diario publica en EL PERIÓDICO. ¿No siente presión creativa?.

–En 32 años de columna diaria nunca se me ha hecho pesado. Significa que cada día debes tener una idea, por modesta que sea. Cuando te haces viejo tiendes a la pasividad y la rutina. Escribir me permite mantener una curiosidad, es estimulante.

–Comparte esta frase de Chamfort: «La felicidad empieza cuando se acaban las pretensiones».

–Sí. He conocido mucha gente con muchas pretensiones que acabó infeliz. Se creían muy importantes. Yo no lo soy. Thomas Merton ponía tres condiciones para tener éxito: tener ganas (dicho pedantemente, tener vocación) y unas relativas aptitudes (no inmensas porque si estás demasiado pagado de tí mismo te confías), y que las circunstancias no sean excesivamente desfavorables (si son muy favorables no te esfuerzas).

–Dice llevar la vida que ha soñado. 

–He tenido suerte. Solo quiero sobrevivir en condiciones aceptables. Estoy bien, no sufro por no tener el Nobel. Soy muy normal, quizá eso es un problema, que soy poco excéntrico y eso no llena páginas. Mientras pueda moverme me moveré, mientras pueda ver, miraré, mientras pueda escuchar, escucharé, mientras pueda escribir, escribiré.

–La muerte le debe 10 días, dice a raíz de una neumonía que le dejó fuera de combate en el hospital. ¿No piensa en ella?

–Ja, ja. Sí, es una de mis múltiples ironías. ¡Y la fiesta sigue! Es saludable hablar de cosas serias con distanciamiento. Me gusta vivir, pero la muerte, que no venga.