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Fusión de estilos

Salvador Távora trae a Peralada su 'Flamenco para Traviata'

MARTA CERVERA
BARCELONA

Fandangos y ópera andan de la mano en Flamenco para Traviata, la nueva creación de Salvador Távora. El montaje estrenado con éxito en la última bienal de flamenco de Málaga desembarca esta noche en Peralada.

Una impresionante María Távora, nieta del célebre director sevillano, interpreta a Violeta, la prostituta de altos vuelos de la ópera de Verdi convertida ahora en bailaora. Su amante, Alfredo, transformado en señorito andaluz, lo encarna el bailaor El Mistela. El padre del joven, que se opone a la relación, corre a cargo de Francisco Torres. "El padre simboliza el poder por eso: para separarlos. Así aparece montado en un imponente caballo", avanza Távora.

El creador de los exitosos montajes de Carmen (1996) y de Don Juan de los ruedos (2000), ambos estrenados en el Festival de Peralada como su sensual versión de Carmina Burana (2003), intenta volver a la esencia y a la austeridad que marcaron sus primeras obras, huyendo de la grandiosidad en la que fue cayendo la compañía. "Este espectáculo es fruto de un proceso de conclusiones, no solo estéticas, sino también sociales". De esa reflexión también ha surgido un teatro para 300 personas, que abrió sus puertas en Sevilla en marzo del 2007 con el nombre de Távora.

"Llevados por la cultura del capitalismo, en estos últimos años el teatro se ha llenado de esplendor y grandiosidad, olvidando que lo primero es el compromiso para crear una sociedad mejor. La historia ha demostrado que tras conquistar grandes teatros del mundo perdimos parte de nosotros mismos". Su objetivo es conjuntar la eficacia del arte para atraer a nuevos públicos, que nunca han acudido al teatro. Fruto de esta filosofía, algunas funciones del Teatro Távora acogen a presos y a inmigrantes sin papeles.

VIDA Y MUERTE

Quejío, una de sus primeras obras, enlaza con el espíritu del estreno de esta noche. "Si aquella fue una protesta visceral de un pueblo marginal, ésta es una crónica oscura de la realidad social andaluza a través del testimonio de 12 cantaores sevillanos que en su mayoría murieron tirados en cualquier esquina, casi mendigos", cuenta Távora. Peralada destinará 7.000 euros de la recaudación a la Fundación Vicente Ferrer para un programa de nutrición en Anantapour (India), para ayudar a 2,5 millones de personas de las castas más bajas.

Los fandangos de Pepe El Pinto y El Carbonerillo se acoplan como un guante a la trama de La Traviata. "El dolor, la muerte y la vida que refleja de forma culta la música de Verdi están recogidos en la expresión popular del fandango de los barrios sevillanos". Para él, el flamenco es difícil de concebir sin sufrimiento.

La voz desgarrada de los cantaores se une al excepcional timbre de Maria Callas, la voz de Violeta. Ella y los preludios de algunas escenas son los únicos documentos sonoros de la ópera de Verdi. "Al final uno no sabe si está viendo flamenco o ópera". El director descubrió La Traviata cuando Núria Espert le pidió que trabajara en el montaje que estrenó la Royal Opera de Glasgow en 1988.

Su proyecto es llevar a escena Las vacantes, de Eurípides, en honor a Manuela Vargas, bailaora que triunfó con esta obra en 1987. "Su muerte hace unos meses pasó totalmente desapercibida", dice, asqueado del desprecio institucional hacia los artistas en España.