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Martes 18 septiembre 2018

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REAPERTURA

Poeta, vuelve a coger el micro

El Club Cronopios ha vuelto con más ímpetu que la momia de Franco. «Intentaremos ser más sala de cultura viva», prometen

Poeta, vuelve a coger el micro

Ramon Buj, el responsable del Club Cronopios, junto al cantautor Luistofoles, durante la fiesta-jam de reapertura.RICARD CUGAT

«La revolución es mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos», se lee sobre una foto enmarcada de la poeta Alejandra Pizarnik. El marco incluye una rosa que mirar hasta pulverizarse los ojos. A unos metros, un vaivén de potenciales revolucionarios entra, sale, se besa con intensidad de reencuentro familiar. Se ven gafas de pasta, canas, barbas sin la medida hipster estándar. Caras de pensar las cosas dos veces. El local está lleno: no hay hueco desde la puerta al escenario. Había 1.300 interesados vía Facebook.

«Y de nuevo hemos regresado», suelta al fin Ramon Buj con tono poético y guitarra de fondo. Ovación. Es la primera jam poética de Cronopios en cuatro meses. «Es un gusto volver a casa», suspira entre el público una cronopiana.

El Club Cronopios ha vuelto con el mismo ímpetu que la momia de Franco. Decir que es una asociación-literaria-club del Raval es quedarse corto. Hay quien lo define como «espacio de encuentro con la poesía, el diálogo, la retórica, la prosa, la improvisación, la música, la filosofía, el psicoanálisis, los credos, los quantums y los cerdos». Ramon se ríe. «Antes teníamos gallinas, ¿pero cerdos?». Las dos gallinas, por cierto, acabaron poniendo un huevo.

Ramon Buj es el responsable del club. En la prensa lo llaman «agitador cultural». En cuanto te descuidas, te suelta una pregunta con punch filosófico. «Si llegan los extraterrestres, ¿a ti te gustaría enterarte o preferirías no tener que vivirlo?».   

LO NORMAL ES LO EXTRAÑO

En este club la rareza es el ámbito normal –suele decir él– y lo normal es lo extraño. «Se nos ha ido un poquito la olla –se encoge de hombros–. Yo creo que no hay ningún otro lugar de ocio donde dan charlas de física cuántica, de psicoanálisis... Y llenamos la sala».

Charlas de cuántica, cinefórum filosófico, doblaje improvisado, combates literarios, poesía, mucha poesía. Aquí no se viene a consumir cultura, sino a crearla. «Cultura viva: que la ciudadanía sea quien cree la cultura, un caldo de cultivo para que surjan artistas que no tienen dónde empezar. Cultura y cultivo vienen de la misma raíz etimológica».

Anna Lee, guitarra en mano, canta mientras Laura García interpreta el tema con lenguaje de signos. RICARD CUGAT

Tras cinco años de autogestión, Cronopios terminó cerrando en mayo por imperativo inmobiliario. «Los números no salían», recuerda Ramon. Cerraron y organizaron protestas frente al Ayuntamiento. Moraleja: «Ayudas institucionales mínimas», resume él.

Pero consiguieron reabrir la semana pasada. «Hemos hecho unos pactos con la propiedad –detalla Ramon–. Volvemos a intentarlo». A intentarlo, pero diferente, puntualiza. «Intentando que haya una proyección más rentable. Salir de las taquillas inversas, poner entradas accesibles. Estamos hablando de eventos de 3 euros, charlas de 5, conciertos de 7. Y daremos ventajas con un carnet de socio por 5 euros al mes».

Club Cronopios

Ferlandina, 16

Próximas actividades:

Filosofía para pingüinos: viernes, 7. 20 h.

Recital poetas con buena letra: sábado, 8. 20 h.

Jam de poesía: sábado, 8. 22 h.

Cinefórum filosófico: domingo, 9. 18 h.

Impro con limón: domingo, 9. 21 h.

clubcronopiosblog.wordpress.com

Seguirán la misma línea cronopiana, promete Ramon. Mantienen las sesiones marca de la casa: micros abiertos (lunes), jams de poesía (sábados), impros con limón (domingos). ¿La novedad?: «Vamos a apostar los jueves por los formatos tipo slam, como el literary combat. Intentaremos que haya de filosofía y humor también». Y sumarán una televisión cultural y una revista participativa, «de escritores y escritoras emergentes». 

¿La meta? «Intentaremos ser más sala de cultura viva –apunta Ramon–. La literatura, que siempre está más comedida en las bibliotecas, aquí la vivimos, le ponemos música, presencialidad. Y con la filosofía hacemos lo mismo». ¿La gente quiere pensar? «La gente está harta de la tardoputrefactoposmodernidad neoliberal capitalista –dice de carrerilla–. La gente tiene ganas de pensar el mundo y no vivir en esta alineación. Y la única forma de vencer al sistema imperante es dar herramientas a la gente para pensar, para crear, para tomar la palabra. Atreverte. Todos hemos estado allí con nuestros miedos escénicos, pero cuando los vences, tienes un nuevo poder para decir tú quién eres». Empezando por mirar la rosa de la entrada.