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Miércoles 19 septiembre 2018

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ENSAYO

A transgredir se aprende callejeando

Aída Pallarès y Manuel Pérez abordan en 'El carrer és nostre' la historia y la potencia de las artes escénicas de calle en Catalunya

A transgredir se aprende callejeando

Joan Català y Roser Tutusaus interpretan 'Menar' en FiraTàrrega.RAMON GABRIEL

«La calle siempre ha estado ahí afuera, esperando que alguien demuestre que no es un decorado para turistas, que es mucho más que la correa de transmisión de gente que va y vuelve del trabajo, que puede haber más y mejores intercambios que los que se hacen con dinero en las terrazas de bares y restaurantes. El escenario está, solo hace falta salir. Hay que hacerlo posible».

No, no es una proclama del 15-M, ni del 1-O, ni de quienes se estaban partiendo la cara en Murcia por evitar que el AVE les divida la ciudad en dos. Y, sí, podrían suscribirla todos ellos. Porque en El carrer nostre, a cuyo epílogo pertenece este fragmento, los periodistas culturales Aída Pallarès y Manuel Pérez hablan de arte, de las artes escénicas de calle, pero también hablan de política, porque de la mayor o menor presencia de estas disciplinas, del mayor o menor apoyo que reciban, deriva, como siempre en la cultura, una visión del mundo.

ABRIR PUERTAS Y VENTANAS

Por algo sería que hubo que esperar a los estertores de la dictadura franquista, iniciados los años 70, para que el teatro empezara a pisar las calles. Lo hizo con un nombre propio: Comediants, una de las compañías independientes que se había propuesto borrar los 40 años de oscuridad abriendo puertas y ventanas, saliendo de espacios asfixiantes para propiciar que la irreverencia y la transgresión purificaran el aire. 'Non plus plis', su primer espectáculo, estrenado en junio de 1972 en Olesa de Montserrat, fue, cuentan Pallarès y Pérez, «un grito de libertad».

'El carrer és nostre'

Aída Pallarès y Manuel Pérez
Raig Verd (colección Ciclogènesi)
224 páginas
17,50 euros

La constelación de compañías, tendencias (gran formato o pequeño formato; idilio o guerra con el folclore; espectacularidad o intimidad), encuentros y desencuentros institucionales con estas manifestaciones artísticas, su evolución desde entonces hasta hoy, en suma, es un camino que los dos periodistas recorren en el libro de forma exhaustiva pero sin agotar al lector, y con unas paradas para la contextualización que agradece el profano.

COLABORACIONES DE LUJO

Los artículos del antropólogo Manuel Delgado sobre cómo somos los ciudadanos quienes configuramos la calle; del arquitecto Jordi Queralt sobre la relación entre el acto teatral y el entorno; de la artista Ada Vilaró, que reivindica la 'performance' («un arte que, como la vida, se crea viviéndolo») como una llamada a la acción, o de la periodista Marta Ballesta sobre la potencia transformadora de la expresión gráfica en la calle (reprimida, en Barcelona, con ordenanzas de civismo) nos conciencian de la necesidad de que nuestras calles, hoy, vuelvan a ser el ágora que eran en sus orígenes, y no un simple lugar de paso y de consumo.

La conversión de Comediants, La Cubana y La Fura dels Baus, rompedores y casi contraculturales en su nacimiento, en las marcas de éxito que son actualmente, y su convivencia con las nuevas compañías que recogen aquel primer espíritu alumbrador están jalonadas por diversas fases, como el éxito olímpico, el escaparate (pese al fracaso) del Fòrum de les Cultures o la toma de conciencia (y posición) que trajo el 15-M.

¿Y el futuro? El futuro ya está aquí. Se llama Joan Català, Obskené, Kamchàtka, Jordi Galí, Quim Bigas, Vero Cendoya. Salid a la calle y buscadlos.