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BIKIMEL, CANTAUTORA

"Creo que el riesgo está infravalorado en este país"

NÚRIA MARTORELL / Barcelona

La cantautora catalana interpreta Farrera / RICARD FADRIQUE

Bikimel es más que una voz bella. Es una creadora osada que lo demuestra en 'Farrera, Can·Sons D. O.' un disco que emana de la misma naturaleza. Ganó una beca para hacer una estadía en el Centre d'Art i Natura de Farrera (Pallars Sobirà) en el 2011 y el fruto es este álbum que anda presentando con recitales en Sant Cugat (próximo sábado), Vic, Tàrrega, Manresa y el Auditori de Barcelona, el 4 de abril, programada por Barnasants, con invitados como Mazoni.

-¿Hasta qué punto es importante tener una denominación de origen?

-La identidad nos diferencia para lo positivo y negativo, y la D. O. intenta reforzar lo primero. Los sonidos de la naturaleza esconden un gran potencial curativo. Cada zona geográfica emite frecuencias únicas.

-"Vull inventar un món, com quan érem petits", canta en Farrera. ¿Querencia por la infancia?

 -Sí. Nos alejamos del contacto con la tierra y la infancia donde la imaginación sugiere un mundo vivo, mágico. Conectar los sentidos de nuestro entorno tiene mucho poder y recupera instintos perdidos.

-En 'Música d'eixambre' unas voces infantiles dicen una frase con enjundia: "No hi ha fi, només camí".

-Se refiere a esta voluntad de no fijar el final de un viaje sino dejarse llevar por cada rincón. El disco habla de la contemplación, de atender al presente. Nos contaminamos con pensamientos de futuro y pasado. Quería representar esta visión en unos niños que conocí en las montañas. Viven con sus padres en una borda de manera autosuficiente y les grabé con mi home-studio.

-Roger Mas, con quien dice tener "una conexión telúrica", participa en 'Confessions de Sta. Eulália'.

-Fue inmediato pensar en la personificación del dueto, que es de lo que va la canción. Santa Eulália de la ermita de Alendo se confiesa a Sant Roc de la iglesia de Farrera. Una ida de olla que pone sobre la mesa el bien y el mal en forma de apocalipsis. Roger es la voz con más personalidad de Catalunya. Fue un lujo que esta eminencia subiera hasta Farrera para grabar dentro de la iglesia.

-Bonnie Raitt es su principal influencia. ¿Cuáles más reconoce?

-En este disco me he influenciado de James Taylor y Joni Mitchell para construir este clima 'folky'. 'Carolina on my mind' o 'California' son un clamor a la tierra. Y eso pretende 'Farrera'. Pero no podré esconder mi generación grunge, que viene a ser algo así como "un hippy reprimido", y es por esto que vas a buscar en el pasado, vas al blues y a sus auténticas raíces.

-Su lenguaje artístico viró tras participar en el concurso Sona 9, en el 2007. Aparcó el rock buscando algo más armónico. Y se fundió, y de qué manera, con la naturaleza.

-He necesitado desprenderme de la influencia y carga emocional del rock. Estaba harta de acarrear con todo lo que supone tirar adelante mi proyecto, poner tanta energía en los conciertos y recoger tan poco. La naturaleza ya estaba ahí pero la introduje en el sujeto del todo a partir de un viaje que hice a Tuvá (Siberia Oriental). Vi que mi cuerpo no estaba en armonía con mi propio ser. Los tuvanos son muy respetuosos con los demás pero la premisa es serlo con ellos mismos.

-En Sona 9 quedó finalista con el grupo Manel. ¿Esperaba que esta banda tuviera tantísimo éxito?

-Los veía buenos y con criterio pero poco arriesgados en la interpretación. Entonces nadie esperaba que un grupo triunfase así. Ha sido positivo que sucediera, que se volviera a abrir el mercado y hubiera público para un sector tan discriminado como lo era el de la música en catalán. Es favorable que haya sitio para todo. Creo que el riesgo está infravalorado en este país.