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45º Voll-Damm Festival Internacional de Jazz de Barcelona

Chucho Valdés, el espíritu de Bebo

El pianista y compositor dedicará hoy en la sala Barts un festivo homenaje a la figura de su padre

NÚRIA MARTORELL/ Barcelona

RICARD FADRIQUE

Nacer y morir es exactamente lo mismo. Eso le repetía siempre el añorado Bebo Valdés a su hijo Chucho, "el mejor pianista del mundo", según glosaba su progenitor. Y con esta idea: de celebración, el pianista y compositor (cinco Grammy y tres Latin Grammy) ha orquestado el espectáculo de esta noche. Tres horas de auténtica fiesta, en la sala Barts, con 34 invitados dispuestos a invocar el espíritu y el repertorio del mago de los ritmos cubanos, fallecido el pasado 22 de marzo.

El concierto es uno de los platos fuertes del Voll-Damm Festival de Jazz de Barcelona. Un homenaje "irrepetible, que solo se celebrará aquí, en el único festival del mundo donde Bebo tocó cada uno de sus proyectos", se felicitó ayer el director de la muestra (y coartífice del evento), Joan Anton Cararach.

Ron, chocolate y mulatas

Ron. Chocolate. Y rumba "con mulatas, de esas que le gustarían a Bebo", explicó Cararach. Estos son los tres ingredientes, así, tal cual, que redondearán la velada. "El día que yo muera, no quiero lloradera. Quiero que la gente baile; disfrute". Sus instrucciones estaban claras. Así que manos a la obra. Bueno, manos al piano. La ilusión por este festejo era tal, que hasta en sueños Chucho se puso por la labor. "Hará un mes me desperté con una obra ya compuesta, que seguramente me dictó mi papá. Las ideas grandes te vienen, se te posan en el oído justo en el momento  que te hacen falta. ¡Tremendo tema! -exclamó Valdés-. Lo he titulado 'Rumba para Bebo', como el nombre del espectáculo. Y es una rumba para gozar, para que él se sienta complacido".

'Border-free'

Será la pieza que cierre el acto. "El 95% del repertorio lo integran temas de Bebo", adelantó. Pero también habrá espacio para rumbear, claro, y para la clásica, con dos jóvenes y talentosos pianistas: Mauricio Vallina Paloma Manfugás; para algunas de las piezas preferidas del homenajeado, y para primerísimas figuras como Omar Sosa, Jerry González, David Pastor, Javier Massó Caramelo, Javier Colina, Lázara Cachao; y para la hermana de Chucho, Mayra Caridad Valdés (la hija pequeña de Bebo) y para sus músicos habituales, The Afro-Cuban Messengers.

Pero la participación de Chucho Valdés no acaba aquí. Mañana por la mañana dará una clase magistral en el Conservatori del Liceu y por la noche presentará su último disco, 'Border-free', en el Palau de la Música (momento en el que se le hará entrega de la medalla del festival, la misma que recibió su padre, estando él presente). El jueves actuará en Girona. Y el viernes, en Manresa. Tiene 72 años. Y una vitalidad y creatividad tan grandes como su figura. Entre sus proyectos, destacan llevar su jazz afrocubano al plano sinfónico. Y estrenar una obra con el gran Wynton Marsalis que aunará Cuba con Nueva Orleans (en sintonía con las raíces africanas y francesas que comparten).

Con plumas de gran jefe indio

En la carátula de su último disco, el segundo que ha grabado con su resolutivo cuarteto The Afro-Cuban Messengers, Valdés luce un penacho de espectaculares plumas. Explica que lo ha hecho, precisamente, para que le pregunten el motivo (aunque la respuesta musical la da en el corte número cinco, 'Afro-Comanche'). Y para poder explicar lo siguiente:

"Se trata de una historia perdida, de la que no se habla. En el siglo XVIII fueron enviados a Cuba 700 comanches, que fueron deportados a la parte oriental y se unieron a los esclavos. En los carnavales se ponían sus coronas y bailaban juntos. Y crearon sus familias. E interpretaban sus músicas. Algunos fueron mandados de nuevo a su país, pero otros se quedaron. Es algo que prácticamente no se ha recogido. Y se me ocurrió ponerme sus plumas para relatarlo".

El tema empieza con elementos de música indígena y acaba con música africana. "Es una yuxtaposición que me interesaba mucho", recalca Chucho Valdés. No en vano, la música cubana ha sabido como pocas nutrirse de la fusión. Y sus ritmos siguen retumbando sin fronteras.