ANÁLISIS TÁCTICO

Las claves tácticas de la derrota de España con Japón: Cuando la selección perdió la cabeza

Unai Simón no pudo detener el disparo lejano de Doan, que supuso el 1-1 de Japón contra España.

Unai Simón no pudo detener el disparo lejano de Doan, que supuso el 1-1 de Japón contra España. / Afp

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Marcos López
Marcos López

Periodista

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Caos y despistes

Cambió Luis Enrique la defensa (tres de los cuatro titulares eran nuevos), no tocó nada en el centro del campo (Busquets-Gavi-Pedri son su esencia) y modificó el ataque al apostar por un nueve puro como Morata arropado por la juvenil e irregular velocidad de Nico Williams.

Pero España, que tuvo posesiones superiores al 80% durante todo el partido, se desplomó en un caótico inicio de la segunda mitad, cometiendo despistes imperdonables.

Tuvo el control durante los 45 minutos iniciales donde Japón ni disparó a puerta. En realidad, ni se asomó al área de Unai Simón, aunque España tampoco logró certificar ese dominio.

Tenía la pelota, pero no hacía daño. Cuando volvió al campo, entró en pánico futbolístico en una desastrosa segunda parte con dos tímidos disparos a puerta que revelaban el drama de su juego.

Morata marca de cabeza.

/ EP

Morata y poco más

En los primeros 45 minutos hubo tres disparos de España a la portería japonesa. Y los tres llevaron la firma de Morata. Su primer cabezazo fue detenido por el guardameta Goda, pero el segundo ni lo vio porque el delantero del Atlético esquivó a los centrales entrando por la puerta de atrás para sellar el 1-0. Su tercer gol en el Mundial. Fue Morata el único con puntería.

Y eso que Luis Enrique modificó, pero sin éxito alguno, toda la estructura ofensiva. Se pasó del Nico-Morata-Dani Olmo al Ferran-Asensio-Ansu Fati, que tuvo sus primeros minutos en el Mundial. Hasta Olmo tuvo que retrasar su posición al centro del campo para ejercer de interior.

Tras los dos goles de Japón, España no tuvo respuestas. Ni en el juego, se quedó enredada con la pelota sin generar peligro alguno, ni a nivel emocional, asustada como quedó porque se vió al borde del precipicio.

Unai Simon tras encajar el 2-1 de Japón en Doha.

/ Reuters

Sin manos y sin pies

En Unai Simón, el portero de España, quedó retratada el profundo desequilibrio táctico. Tuvo una primera mitad sosegada, pero en la segunda se envenenó porque una mala cesión suya con el pie a Balde precipitó el 1-1, cuyo disparo no interceptó. Y luego vio pasar el balón por el área pequeña de lado a lado en el 2-1, síntoma del nerviosismo que estranguló a una selección que perdió el control encajando dos goles en tres minutos.

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La defensa estuvo insegura. Y eso que Luis Enrique cambió a tres de sus cuatro integrantes en el once inicial. Recuperó a Azpilicueta, hizo salir a Pau Torres para acompañar a Rodri, el único intocable, en el eje, y dio vuelo a Balde. Después, cambió el técnico a los laterales (entraron Carvajal y Alba) para inyectar un poso de más experiencia, pero España se convirtió en un equipo transparente.

Tan débil y frágil resultó la selección de Luis Enrique que Japón firmó casi un ejercicio de eficacia perfecto: cuatro disparos, tres a puerta y dos goles. Aunque realmente lo fue porque sus dos primeros tiros (Doan m. 47, y Tanaka, m. 50) tumbaron a España a la lona.