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FINAL EN MARACANÁ

Messi recibe el triste consuelo del Balón de Oro

El delantero argentino es nombrado mejor jugador del Mundial tras fallar el disparo de su vida

JOAN DOMÈNECH / Río de Janeiro (Enviado especial)

Leo Messi, con el Balón de Oro que lo acredita como mejor jugador del Mundial, y Manuel Neuer, con el Guante de Oro como mejor meta.

Leo Messi, con el Balón de Oro que lo acredita como mejor jugador del Mundial, y Manuel Neuer, con el Guante de Oro como mejor meta. / REUTERS / KAI PFAFFENBACH

Leo Messi se ha quedado a un paso de la gloria mundial, pero se ha llevado el Balón de Oro, el trofeo al mejor jugador del torneo. Triste consuelo para el delantero argentino, que después de conquistar todos los grandes premios como jugador del Barça ansiaba levantar la Copa del Mundo en Maracaná.

Estuvo "picante", como dicen en Argentina. Sobre todo en la primera parte, donde se asomó con peligro al hogar de Neuer en un par de ocasiones. Retrató la lentitud de Hummels, ese central que persiguen en toda Europa, llegando con frescura hasta el meta alemán, aunque sin el punto de precisión que siempre ha tenido.

En la segunda mitad, un excelente pase interior de Biglia conectó con el delantero azulgrana, que tuvo su gran oportunidad. Se quedó solo ante Neuer, ajustó su zurda y trazó un disparo envenenado, obsesionado como estaba en evitar el gigantesco cuerpo del meta del Bayern. Lo consiguió, pero la pelota se marchó casi rozando el poste izquierdo causando tal trauma en la estrella que ya no volvió a aparecer en el partido.

Consumido por el partido

Se apagó. Quedó consumido en ese tiro que podía haber cambiado la historia de una nación, Argentina, y la historia, ya mágica por todo lo que ha hecho, de un joven de 27 años, al que siempre le reprocharán que le falta un Mundial. Hay leyendas (el recientemete desaparecido Alfredo Di Stéfano sin ir más lejos) que tampoco lo tienen, pero esta era la ocasión de Messi.

A partir de ese momento, el partido pareció haber secuestrado al delantero. En muchos momentos se le vio tocarse la pierna, ese gesto que tanto ha preocupado esta temporada a millones de culés. Dio la sensación de que estaba lesionado o, al menos, disminuido. Quería pero no podía y, además, los dos delanteros, tres con la entrada del Kun Agüero, tampoco le ayudaron demasiado. Higuaín falló lo que se no se puede fallar. Palacio, también. Y Messi, también.

La depresión final

Pero lo peor todavía estaba por llegar para Messi. No solo por el gol hermoso de Götze, el que él hubiera soñado siempre en una final del Mundial, sino porque después, y mientras los alemanes festejaban el título, tenía que subir las escaleras. Las escaleras que le conducían al podio, pero como perdedor. Subió a recoger el Balón de Oro que le acredita como el mejor del Mundial tras errar el tiro de su vida.