08 ago 2020

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F-1

Ferrari agudiza su eterna crisis

En Maranello han construido el peor coche desde que en 1991 Alain Prost fue despedido por decir que conducía un "camión"

Miguel Martínez

Los mecánicos preparan el coche de Vettel, en Spielberg.

Los mecánicos preparan el coche de Vettel, en Spielberg.

Ferrari solo ha ganado seis títulos mundiales de pilotos en los últimos 40 años.

Conviene acudir a los números para entender por qué la Scuderia, como el teatro, siempre está en crisis. Es indispensable entender la teatralidad que envuelve a la más popular, mediática y pasional escudería de F-1, y a todo su carácter latino, para analizar el choque frente al método inglés o austro-alemán que domina la F-1.

Cinco de los seis títulos rojos de los últimos 40 años llegaron de la mano de una cúpula de dirección técnica, deportiva y organizativa que no hablaba italiano. Aquel triunvirato Brown-Byrne-Schumacher robado por Jean Todt a Benetton en 1995 trabajó en los 90 durante cinco pacientes años para enlazar después cinco títulos (2000-2004), que solo tuvieron un rebote tres años después, con la corona en 2007. "El problema de Ferrari es que los italianos han vuelto a tomar el mando", solía decir Niki Lauda.

Sospechoso motor

No siempre ha sido así. Los diseñadores, ingenieros y organizadores foráneos han ido y venido de las islas británicas a Italia. Pero no se quedan, no acaban de aclimatarse a Maranello. Con más o menos acierto, en sus corta estancia, construyeron coches competitivos pero, primero Red Bull, y después Mercedes, les han superado en los últimos 10 años. Puede que la suerte privara del titulo a los rojos en aquel 2010 en los que Alonso lloró en Abu Dhabi, puede que un bajo rendimiento de Sebastian Vettel (un alemán), les impidiera sacar algo más de los rápidos coches del 2017, 2018 y 2019. El último de esos años, Ferrari disfrutó de un sospechoso motor que la FIA consideró ilegal para 2020, pero sin aclarar qué irregularidades encontró.

Vettel, tras un entrenamiento en Austria. / AFP

En Maranello apostaron entonces por buscar en la aerodinámica la ganancia que perderían en 2020 a causa de la vuelta a la legalidad de su propulsor. Pero erraron. Y cómo. Es el peor diseño desde 1991, aquel Ferrari al que Alain Prost denominó "camión" antes de ser despedido por Enzo Ferrari tras enunciar ese calificativo.

El de este año, el SF1000 —recibe el nombre los miles grandes premios que Ferrari cumplirá este año— es nada menos que un segundo más lento que el coche  del año anterior, un cataclismo que les ha arrojado a la mitad de la parrilla, a luchar por entrar en la Q-3 de los diez mejores de la parrilla, a medirse con la clase media, a comprobar cómo su coche es más lento en muchos aspectos que el Renault, el McLaren, el Racing Point. Han dejado solo a Mercedes en busca su su séptimo año de dominio, y han perdido la estela de Red Bull.

"Es lo que hay"

Solo Luca Cordero de Montezemolo en los 90 y comienzos de este siglo había mitigado la eterna orfandaz en la que vive Ferrari desde la muerte de su fundador en 1988. Sergio Marchionne había ocupado con carisma, inversiones y mano dura —y un jefe de diseño como James Allison—, ese lugar a finales del 2015 y la Scuderia levantaba de nuevo la cabeza en organización y resultados hasta que un cáncer se llevó por delante al excelente gestor en el verano de 2018.

Allison se fue a Mercedes y, a cuatro meses de que Carlos Sainz se vista de rojo, la gente de Maranello se divide en dos: los que se rascan la cabeza sin saber qué ha pasado ni cómo solucionarlo —culpan a otro clásico; la calibración del túnel del viento— , y los que mueven la palma de la mano por debajo del mentón en ese gesto tan italiano que significa: “es lo que hay”.

Mattia Binotto, un gran diseñador de motores, ha asumido roles como diseñador, organizador, político, gestor de talentos… Demasiado trabajo para el jefe de equipo en mitad de un incendio avivado por la lucha entre un piloto tetracampeón del mundo que se va cabreado porque no le renuevan, y otro angustiado por demostrar a sus 22 años que no se han equivocado en elegirle a él como futuro.

"He sido un imbécil"

Sebastian Vettel y Charles Leclerc destrozaron sus coches en un ridículo accidente en la primera curva del Red Bull Ring, una semana después de que el alemán tirara a la basura su gran premio por un trompo, y cuatro carreras después de otro incidente entre ambos en Brasil. "Es un pecado capital que tus pilotos choquen", dice Ross Brawn, ahora mandamás técnico de la FOM. "He sido un imbécil", reconoce Leclerc. Aunque quizá es Vettel quién pone el foco en su sitio: "Estas cosas pasan cuando sales atrás. El problema es que estamos en mitad de la parrilla".

Ahora Binotto —bajo el ultimátum del presidente Louis Camillieri, y del propietario, John Elkann— debe elegir entre los urgente —mejorar el coche en 2020 y evitar la guerra entre sus pilotos— y lo importante: trazar un plan para hacer un coche ganador en 2022 (se estrenan nuevas reglas aerodinámicas) sin hacer otro ridículo en 2021.  "No hay que buscar culpables, solo encontrar el camino para levantarnos", dice el abrumado ingeniero italiano. Y saldrán, seguro. Disponen del mayor presupuesto y, sobre todo, ya han pasado por esta situación muchas veces.

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