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EL VÍA CRUCIS DE UN MITO DE LA F-1

Misterio alrededor de Schumacher, cinco años después

La familia del heptacampeón del mundo de F-1 le mantiene vivo en una mansión medicalizada, pese a los miles de rumores que circulan a su alrededor

Jean Todt, presidente de la Federación Internacional, afirma que vio un GP con 'Schumi' y un arzobispo asegura que el alemán nota el cariño de su familia

Miguel Martínez

El heptacampeón alemán Michael Schumacher, en una imagen de octubre del 2006.

El heptacampeón alemán Michael Schumacher, en una imagen de octubre del 2006. / AFP / JOSÉ LUIS ROCA

Los Tres Valles es uno de los dominios esquiables más grandes del mundo, con casi 700 kilómetros de pistas conectadas por más de 180 teleféricos, telecabinas, telesillas y telesquís. Es una vastísima extensión que precisa de cierta planificación para afrontar cada jornada de esquí. Acostumbrado a los “briefings”, a la la previsión del trabajo en la F-1, Michael Schumacher había hecho su propia planificación del día con su hijo Mick para esquiar junto a tres amigos más.

Siempre lo hacía desde que fijó su residencia de esquí en Meribel, en el corazón de los Tres Valles, en una preciosa y equipada cabaña en mitad del bosque, al otro lado del Valle de Courchevel, donde acuden las celebritis para dejarse ver. Alejado de los focos, de los vips, en el lado más alpino del enorme dominio y tras una impecable planificación, ‘Schumi’ disfrutaba de un maravilloso y anónimo día de esquí en aquella mañana del 29 de diciembre de 2013.

No fueron una Navidades con mucha nieve. En realidad era de los inicios de invierno más escasos del blanco elemento de los últimos años, pero el sábado había dejado una cuarta de nieve y el domingo amaneció con un sol radiante. Acompañado de Mick, entonces de 14 años —la próxima temporada abordará, ya con 19 años, el campeonato de F-2 como paso previo de la F-1— y tres amigos más, tomaron el telecabina de Pas du Lac hasta la cota 2.700 metros.

Así fue el accidente

'Schumi' encabezaba el descenso del grupo por la pista azul de Biche. En la intersección con la pista roja —mayor dificultad— de Chamois, decidió seguir por la roja, hasta que pareció arrepentirse de la idea y cruzó hacia Biche de nuevo, esta vez fuera de la zona balizada, esquiando entre un grupo de pequeñas rocas disimuladas por la nevada de la noche anterior, unas pequeñas morrenas que ni siquiera asomaban sus aristas cuando el campeonísimo, su mujer Corina y sus hijos Mick y Gina recorrían una y otra vez la zona más próxima a su cabaña en inviernos con más nieve.

Como cada año, el 29 de diciembre suele ser uno de los días de más afluencia en todas las estaciones europeas. ‘Schumi’ descendía a poca velocidad, pero en el paso de Chamois a Biche, sus esquís se encontraron con una roca oculta en la nieve, las taloneras de las fijaciones llegaron al tope, se desbloquearon, y Michael salió catapultado hacia adelante para caer sobre la parte derecha de su cabeza contra una roca, rompiendo su casco en tres trozos.

Michael Schumacher, junto a su hijo Mick, que, el próximo año, ya pilotará un F-3. / ARCHIVO EL PERIÓDICO

Logró sentarse y hablar por unos segundos hasta desvanecerse. Fue evacuado al hospital de Moutiers en helicóptero, con tres paradas cardiorespiratorias por el camino. A la vista de la gravedad, fue trasladado poco después al hospital de Grenoble, donde se le operó en dos ocasiones, se le redujo la presión craneal, se le enfrió, se indujo al coma… del que salió 154 días después.

El hermetismo con el que Corinna ha llevado la recuperación de su marido deja pocas pistas sobre su estado, y más, después de trasladar a Michael a su mansión de 1.500 metros cuadrados en Vufflen-le-Château en septiembre de 2014, tras medicalizar y acondicionar toda una ala de esa mansión. Sabine Kehm, su mano derecha y jefa de prensa de siempre, llevó hasta sus últimas consecuencias el deseo de privacidad de Michael.  “Cada vez hablaremos menos, Sabine”, me dijo poco antes de su accidente en su idea de apartarse de la vida pública, y de actos comerciales, desveló la asesora del Kaiser tras el accidente.

Venta de muchos enseres

 “Mi idea de futuro es una casa en un acantilado, con un ascensor, un dormitorio, la puerta frente al agua. Y nadar en silencio sin que nadie pueda mirar”, decía Michael como deseo de privacidad en una de sus últimas entrevistas. Casi 20 personas entre médicos, enfermeros y recuperadores, cuidan de él a diario, con un coste de 600.000 euros al mes.

A pesar de la más que acomodada posición económica de la familia gracias a las 19 temporadas que el alemán compitió al más alto nivel de la F-1 con una fortuna, según Forbes, de más de 800 millones de euros, la mujer de Schumacher se vio obligada a subastar algunos objetos del piloto, empezando por su avión privado, un Falcon 2000 EX, que salió a la venta, en 2014, por 23,8 millones de dólares. También tuvo que vender su fabulosa cabaña de Noruega, cerca de Oslo, en 2015 a cambio de 2,5 millones de euros. No tuvo reparos en deshacerse del Rolls-Royce ‘Phantom’ coupé, en agosto del 2016, por el que una compañía portuguesa pagó 350.000 euros. A fines de 2017, vendió en subasta el mítico monoplaza de Ferrari con el que Schumacher ganó el Gran Premio de Mónaco en 2001, por el que sacó casi siete millones de euros.

Sin embargo, Corinna siempre ha rechazado ofertas de mucho dinero por contar en primera persona el drama vivido por su marido desde el accidente y por desvelar al detalle su situación médica.

La pista de Meribel, donde Michael Schumacher sufrió su gravísiumo accidente en el 2013. / REUTERS / EMMANUEL FOUDROT

Felix Damm dirige, desde Frankfurt, una firma de abogados especializada en leyes de medios, derechos de autor y protección de datos en la que Corinna y Sabine han delegado los contratos de confidencialidad de todo el que se acerque a la mansión de Suiza, y de las no pocas denuncias por informaciones falsas. “Mi padre quería privacidad y creo que hemos hecho un buen trabajo en ese sentido”, dice su hijo Mick, campeón de la F-3, 28 años después de su padre del que es el vivo retrato.

Corinna y Sabine han blindado toda la información sobre ‘Schumi’ durante estos cinco últimos años. Aunque ha sido en los últimos meses cuando se han filtrado más aspectos de hasta ahora impenetrable estado de salud de Michael. “Estuve con él en septiembre y vimos juntos el GP de Brasil”, dijo el presidente de la FIA, Jean Todt, el que había sido su jefe en Ferrari durante diez años.

La versión del arzobispo

Aunque las confesiones más sorprendentes llegaron de la mano del arzobispo  Georg Gänswein, el que fuera secretario personal de Benedicto XVI, el papa bávaro, que dispone de gran influencia sobre la catoliquísima Corinna, a quien facilitó hace muy poco una audiencia privada con el Papa Francisco.  "Me senté delante de él, le toqué con las manos y le miré. Su cara es la de siempre, sólo se ha vuelto un poco más rellena. Michael nota que a su alrededor hay gente que le ama, que le cuida y se preocupa por él", expresó el arzobispo alemán para la revista 'Bunte' sobre su visita a ‘Schumi’ en 2016.

Unas declaraciones que van en la línea de la reciente información publicada por el diario británico 'Daily Mail', que indica que el mito no está postrado en una cama, ni necesita un respirador artificial para mantenerse con vida. Ferrari ha preparado un homenaje para el próximo 3 de enero fecha del 50 cumpleaños de Michel, que, a través de su fundación, Keep Fighting,  estrenará una nueva app en pocos días para realizar una visita virtual por la carrera del piloto más laureado de la historia de la F-1.