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VIDAS PARALELAS DE DOS MITOS

Sainz y Alonso, dos bicampeones del mundo prodigiosos

El ganador de dos títulos de rallys (1990 y 1992) fue, en su día, el ídolo del niño que empezaba en el karting y que conquistaría dos coronas de F-1 (2005 y 2006)

Tras convertirse en los 'reyes' de sus especialidades, Sainz y Alonso han demostrado su dominio del volante en otros campos como el Dakar, la resistencia o la Indy

Emilio Pérez de Rozas

Carlos Sainz padre y Fernando Alonso, el pasado año, en el Gran Premio de Australia, en Melbourne.

Carlos Sainz padre y Fernando Alonso, el pasado año, en el Gran Premio de Australia, en Melbourne. / EFE / SRDJAN SUKI

No sé si son vidas paralelas, pero sí es evidente que Carlos Sainz (Madrid, 12 de abril de 1962) y Fernando Alonso (0viedo, 29 de julio de 1981) tienen demasiado en común como para no pensar en ello cuando el as asturiano de la F-1 abandona la parrilla del ‘gran circo’ con la misma sensación que, en su día, lo hizo el ‘Matador’ en el Mundial de rallys tras ser considerado el mejor piloto de aquellos tiempos.

Empecemos por un punto de partida que demuestra que la vida de estos dos grandes, enormes y ya míticos pilotos de carreras tiene demasiadas cosas en común como para no considerarlos prodigiosos. Ellos dos pusieron a España en el mundo de la velocidad, de las cuatro ruedas, no tanto con sus éxitos, victorias y títulos mundiales (dos cada uno de ellos) sino por su manera de conseguirlos, provocando la admiración de todo el mundo, no tanto por sus manos, determinación y arrojo como por su instinto y, sobre todo, maestría a la hora de poner los coches a punto y saber qué necesitaba cada vehículo para poder ser competitivo.

El premio a Fernando Alonso

El punto de partida que los une es algo tan curioso y, a la vez, escalofriante como que Carlos Sainz fue el ídolo del niño Fernando Alonso, cuando papá Sainz ganaba los títulos mundiales de rallys para Toyota (1990 y 1992) y el ‘Nano’, con 9, 10 y 11 años hacía sus pinitos en el karting, hasta convertirse en campeón del mundo, consiguiendo como premio…montarse como copiloto, en septiembre de 1996, en el Ford de Sainz, en una exhibición que Alonso jamás, jamás, ha olvidado.

Fernando Alonso, a la derecha, le hace un comentario a su amigo Carlos Sainz Jr., en Abu Dabi. / EFE / ALEJANDRO GARCÍA

Con el paso de los años, de ahí que el cosquilleo en las similitudes vaya en aumento, Alonso se convertiría, sería, el ídolo, el piloto a imitar en todo…de Carlos Sainz Júnior, el muchacho que este año ha pilotado el Renault con el que Alonso fue bicampeón del mundo de F-1 en el 2005 y 2006, y que, la próxima temporada, heredará el McLaren que ahora abandona el asturiano. “Nada me encantaría más en esta vida que dejarle a McLaren mucho mejor que el que yo he piloto hasta la fecha, de ahí que me haga mucha ilusión ayudar a la escudería británica a dar los primeros pasos con el coche del 2019”, señaló Alonso en Abu Dabi.

Sainz padre y Alonso fueron, en efecto, los volantes prodigiosos en el Mundial de rallys y de F-1, que contribuyeron a que la afición española entrase en dos mundos que le eran familiares y atractivos por tradición deportiva, pero que hasta la llegada de estos dos ‘monstruos’ del pilotaje, de la conducción, de la puesta a punto jamás vieron escalar a nadie hasta lo más alto de la cima.

Sainz y Alonso suman dos títulos cada uno y un puñado de ocasiones para conquistar el tercero

Sainz logró dos títulos mundiales en 1990 y 1992 con el Toyota Celica y, después, acarició su tercera corona, como poco, en otras cuatro ocasiones en las que conquistó el subcampeonato. Alonso se proclamó bicampeón del mundo con Renautl en el 2005 y 2006 y, luego, también vio como el tercer cetro se le escapaba entre los dedos en diversas ocasiones, pues también posee tres subcampeonatos del mundo.

Hay quien piensa, sin saber, sin ver realmente los grandes párrafos que estos dos magos del volante han escrito en la historia del automovilismo mundial, que Sainz y Alonso han sido dos pilotos con muy mala suerte, situados, a veces, en los equipos equivocados y a los mandos de un coche inferior a los demás. Puede, pero como muy bien se encarga de recordar el propio bicampeón del mundo de rallys “¡ojalá todo el mundo tuviese la misma mala suerte en la vida y en el deporte que he tenido yo!” En efecto, el palmarés (no hablemos, por favor, de sus cuentas corrientes, millonarias en ambos casos) de uno y otro demuestra que de mala suerte, poca, o ninguna, pues el 99% de los pilotos profesionales firmarían, a ciegas, sus carreras.

A por la Triple Corona

La enormidad de su calidad, de su talento, de su determinación, profesionalidad, preparación, arrojo y manos se demuestra en el hecho de que, pese a haber abandonado sus especialidades, el Mundial de rallys en el caso de Sainz y el campeonato de F-1 en el caso de Fernando Alonso, tanto el madrileño, con 56 años, como el asturiano, con 37, han decidido competir, ganar y campeonar en otras especialidades. Sainz padre acumula, pese a haber dicho cuando corría rallys que el Dakar no le llamaba la atención, dos fabulosas y prestigiosas victorias en el 2010 y 2018, y el próximo año regresará con Mini. De Alonso solo hay que ver sus ansias de permanecer en la competición y, sobre todo, buscar la conquista de la Triple Corona (Montecarlo F-124 Horas de Le Mans y 500 Millas de Indianápolis), cuyo último banderazo debería de ser un año de estos ganar en Indy.