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MUNDIAL DE F-1

Ferrari ficha a Leclerc para sustituir a Raikkonen en el 2019

'Iceman', el piloto más veterano de la parrilla, con 38 años, será sustituido por el más joven, Leclerc, de 21.

Raikkonen, que volverá a Sauber, equipo filial de Maranello, nunca estuvo a la altura de Massa, Alonso o Vettel

Miguel Martínez

Charles Leclerc, de Mónaco, saluda al público de Monza.

Charles Leclerc, de Mónaco, saluda al público de Monza. / AFP / LUCA BRUNO

Se va el más veterano, Kimi Raikkonen, de 38 años, y llega el más joven, el monegasco Charles Leclerc, camino de los 21. Esa fue la voluntad de Sergio Marchione, el presidente de Ferrari, antes de morir el pasado verano. Y Ferrari la respetará. Se marcha 'Iceman', el último campeón del mundo de rojo (2007), que volverá al equipo Sauber, que es, más o menos, la escuderia filial, el 'team satélite', de Maranello. Y llega un talento natural con títulos mundiales en karting, GP3 y F-2, la apuesta por un joven que no se producía en Maranello desde 1991, cuando llegó Jean Alessi, con solo dos años de experiencia en F-1. Raikkonen deja Ferrari tras una primera etapa de tres años (2007-2009) y una segunda de cinco (2014-2018) con la constatación de que salvó el año de su debut, siempre estuvo por detrás en rendimiento que su compañeros (Felipe Masa, Fernando Alonso y Sebastian Vettel) y con la duda de saber cuánto trabajará hasta final de año para ayudar a Vettel en su lucha por el título frente a Lewis Hamilton y Mercedes.

No ayudó a Vettel 

“Yo lucho contra tres coches”, dijo con ironía Vettel tras el GP de Italia, en el que Raikkonen no concedió ni un centímetro para defender la pole frente a su compañero. Puede que tras ese celo por buscar el triunfo ya estuviera la constatación de que no seguiría en Ferrari el año próximo, algo que se ha oficializado hoy, pero que el finlandés conocía desde comienzos de la semana pasada, días antes de la celebración del GP de Italia, de la carrera de casa en la que Ferrari anuncia siempre su alineación para el próximo año. Quisieron esconder el futuro a Kimi para exigirle la máxima colaboración como escudero de Vettel, pero no fueron los suficientemente discretos para que el finlandés no lo supiera, y sobre todo, lo bastante persuasivos para convencer al hombre más veterano de la parrilla, a un tipo poco impresionable, a “Iceman”.

Kimi Raikkonen, junto a Lewis Hamilton, en el podio de Monza del pasado domingo. / AP / ANTONIO CALANNI

Peter Sauber se la jugó al llevar a la F-1 a un jovencísimo finlandés sin experiencia en F-3000 y F-3, pero tras su año de debut, McLaren, un grande en aquel momento, lo fichó sin dudarlo. Raikkonen y Alonso (dos años menor) eran los jóvenes talentos que llegaron a la F-1 en 2001. 18 años después, Leclerc, como Raikkonen, se instala en un grande con tan solo una temporada de expriencia en F-1. Kimi no esperaba llegar nunca a la F-1, cuando ni siquiera se había subido a un kart, mientras protestaba por madrugar para ir a entrenar con su equipo de hóckey. Leclerc, sin embargo, siempre ha sabido cuál sería su destino.

La historia de Leclerc

La vida de Leclerc encaja con un dramático, emotivo y épico guión de película mucho antes de que llegue su primera victoria en F-1. Correrá siempre en memoria de su padre, fallecido un año atrás, y en el recuerdo de su amigo del alma y casi hermano mayor, Jules Bianchi, malogrado tras un brutal accidente en el GP de Japón en 2014. Leclerc peleará contra sus sentimientos, contra su destino, contra 19 pilotos en F-1. Luchará, sobre todo, frente a su compañero, Sebastian Vettel, uno de los pilotos más laureados de F-1, con cuatro títulos, y lo hará en el seno de Ferrari, la escudería más laureada, más popular, con más seguimiento mediático. Y, vestido de rojo,  se enfrentará al otro gran talento, al niño terrible, a Max Verstappenen, al que se viene midiendo desde que tenía 12 años. Los milenials han llegado a la  F-1.

Jules Bianchi era el talento emergente, el chico educado, bien parecido y rápido, muy rápido, que quemaba etapas en un equipo satélite antes de dar el salto a Ferrari. Pero un brutal accidente en el Gran Premio de Japón le dejó en un penoso y largo estado de coma hasta fallecer meses después. Fue un duro golpe para la F-1, que no había visto fallecer un piloto desde 20 años antes con la muerte de Ayrton Senna y Roland Ratzemberger en el GP de San Marino de 1994. Y, sobre todo, fue un mazazo terrible para la familia de Jules, la de sangre, sus padres, y los Leclerc, con quien compartían y comparten todo.

Herve Leclerc, fue piloto en los años 80, y como tantos en aquella y en todas las épocas, no tuvo la oportunidad de llegar a la F-1, Se quedó en la F-3 y se juró que su hijo sí llegaría. Así que Charles comenzó en el karting cuando apenas tenía conocimiento. Los Bianchi, vecinos en Mónaco, y buenos amigos de los Leclerc desde hacía años, fueron sus asesores y amigos. Jules era ocho años mayor que Charles, la diferencia perfecta  para ejercer de hermano mayor, de profesor, de mentor en las carreras.

Fruto de la Ferrari Academy

Leclerc era el alumno perfecto: incansable, motivado, ganador, rápido. "Le decía a mi padre que estaba enfermo para ir a la escuela y le hacía llevarme al karting. Pilotaba hasta que me quedaba sin combustible y después me iba a casa diciendo 'esto es lo que quiero hacer'", recuerda”, recuerda el joven monegasco de 20 años. No ha parado de ganar en el kárting desde los siete años. Ganó el título mundial de KF2 en 2012, el europeo y el Mundial de karting sub18. Por entonces ya se estaba peleando con Max Verstappen, su gran rival en el automovilismo, en el kárting y muy pronto por el título en la F-1.

Leclerc ya había dejado atrás el kárting, y sus primeras temporadas en monoplazas (destacó en la Fórmula Renault 2.0 y en la F-3) cuando entró en la Ferrari Academy donde ya estaba Bianchi, para participar en la GP3 ya camino de la F-1. Y entonces, llegó el fatal accidente de Bianchi en el Marussia y su fallecimiento meses después. "Nunca lo superé. Quizá nunca lo haga. Pero nunca tuve ninguna duda acerca de continuar. Todo lo que siempre he querido ha sido correr", dice Leclerc con tanto dolor como convencimiento. No fue el único palo gordo en su vida. El año pasado, cuando se colocó líder de la F-2 y prácticamente aseguraba su pase a la F-1 el siguiente año, falleció su padre. No pudo llorarle más que un día. Emprendió viaje a Baku para la cuarta prueba del año. Ganó las dos carreras del fin de semana de F-2 y logró la pole. Lució un casco especial, decorado con los colores que su padre Herve Leclerc lucía en los 80. "Cuando era segundo, mi padre no estaba contento, así que me concentré en ganar. Solo ganar. Para asegurarme de que aún sonreía", explicó aquel fin de semana

 Charles Leclerc ganó el campeonato de F2 a falta de tres carreras para el final, con una autoridad letal para sus rivales, con siete victorias, más que las que lograron Lewis Hamilton y Nico Rosberg en sus títulos de GP2. Tras un prometedor debut esta año en F-1 de la mano de Sauber, llega el gran salto a Ferrari, donde le espera la lucha por el título, la presión de medirse a un tetra o quizá pentacampeón del mundo como Sebastian Vettel. “Las expectativas sobre él son altas, Leclerc no se olvida de los consejos que le dieron: "Mi padre y Jules siempre me enseñaron a mantener los pies en el suelo y a nunca dejar de esforzarme. Sé que estarán orgullosos mirándome desde arriba”.