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SEXUALIDAD Y PAREJA

Sexo, juego y juguetes

La sexualidad puede vivirse como descarga física, como muestra de amor o como un juego

ELENA CRESPI / BARCELONA

Una pareja, en actitud cariñosa.

Una pareja, en actitud cariñosa.

Hay quien vive el sexo como una descarga, como una parte esencial de la pareja, como un juego entre adultos, una manera de divertirse, orgasmar y sentir. ¿Cómo lo sientes tú? Yo apuesto por el juego: diversión, placer y erotismo, juntos. [Esta es nuestra propuesta de 10 juegos eróticos para avivar la pasión sexual].

Cada uno puede vivir la sexualidad como le plazca. Pero, en mi opinión, hay algunas maneras que abren un abanico de posibilidades mucho mayor que las otras. Os pongo algunos ejemplos.

La sexualidad como una descarga física

Como decía, hay quien la vive como una descarga. En ese caso, solamente se fijará en la gratificación física que obtiene de la masturbación o de la sexualidad compartida con el otro u otra. El orgasmo es el objetivo máximo. Por lo tanto, cuando el orgasmo no llega, o se pierde erección o no se tienen ganas, se vive como una frustración muy grande.

Normalmente, cuando alguien vive la sexualidad como una descarga focaliza mucho su sexualidad en su pene o en su clítoris y se olvida que tiene metros y metros de piel. Y, sobre todo los hombres, ven la penetración como la parte más importante y casi única de la sexualidad.

Y esta visión es muy reduccionista y limitante... por lo que yo propongo apostar por otra.

La sexualidad como muestra de amor o de ser un gran amante 

El romanticismo y el sexo. Existen. Y pueden convivir juntos. Pero si solamente se ve el sexo como una muestra de amor... lo que suele suceder es que la relación sexual se convierte en un momento para demostrar al otro lo mucho que se le quiere y el protagonismo de la relación sexual pasa a ser del otro. La persona se focaliza en agradar a la pareja, satisfacerla, estar pendiente de las necesidades del otro... y se olvida de uno mismo...

Y, a menudo, eso crea frustración, dificultades sexuales (porque la persona está obviando su cuerpo y su mente para estar por la otra persona), etc. Y acaba generando un efecto contrario: la sensación de que no se demuestra bien el amor o de que no se es un buen amante.

Esta visión es muy exigente y la exigencia no pega bien con la sexualidad saludable... Veamos un ejemplo de algo que sería más saludable.

La sexualidad como un juego

Como un juego erótico, afectivo, sexual... Un juego en el que (aparte de descargar el cuerpo, la mente, demostrar amor y afecto, querer gustar al otro/a...) nos ponemos como protagonistas y también nos miramos a nosotros mismos y a nuestra diversión y placer.

Jugar, como cuando éramos pequeñas. Entonces lo teníamos claro, ¿verdad? Nos tirábamos horas jugando y disfrutando.

Los juegos son para divertirnos. Y, de pequeños, lo teníamos bien claro, ¿verdad? Jugar horas y horas sin parar. Solos, con los amigos y las amigas, en el parque, en el comedor, en el patio de la escuela. Pero de mayores parece que hay algunas personas que se olvidan de la diversión. También hay juegos que son para adultos: ¡y no estoy hablando precisamente del parchís!

Hay muchas maneras de seguir jugando cuando ya hemos dejado de ser pequeños. Yo os hablo de los juegos de mi terreno profesional: el mundo de la pareja y la sexualidad. ¿Para qué juega una persona con su sexualidad? ¿Y una pareja? El objetivo es el mismo de cuando se es pequeño: divertirse. Aparte de estimarse, estar el uno cerca del otro, tener placer... ¡la cantidad de beneficios de los juegos sexuales son muchos!

Y podemos jugar con o sin juguetes sexuales. Si jugamos sin juguetes, tenemos mucho terreno para conocer. Y siempre recomiendo que primero cada uno conozca cada milímetro que le apetezca explorar de su propio cuerpo. Y, entonces, que tenga ganas de explorar cada milímetro del cuerpo de su pareja (si a ella le apetece, claro).

Conocerse de forma íntima

Si una persona se conoce sexualmente, le será más sencillo darse a conocer al otro. Y hay personas que eligen, además de conocerse con sus propias manos, incorporar juguetes eróticos dentro de su juego (en solitario y en pareja). Y es que el mundo de los juguetes sexuales ha cambiado tanto que no tiene nada que ver con lo que era hace veinte años.

Las tiendas eróticas han dado un giro y se han acercado al público en general. Los juguetes son mucho más que artículos para cuatro personas atrevidas. Ahora cualquier persona puede entrar en una tienda y sentirse cómodo. Esto es lo que me pasó cuando conocí la sexshop Lovesexing: una imagen corporativa moderna, acurada y que llama la atención, al mismo tiempo. Un espacio donde se pueden encontrar juguetes, lubricantes, algunos juegos de sobremesa para adultos... "Pero no tenemos pornografía", me dijo el responsable de la tienda. Quieren tener al alcance de todos juguetes que puedan gustar a todo el mundo: chicas y chicos, mujeres y hombres mayores, parejas con hijos, a alguien que quiera entrar solo o sola a mirar y comprar... Y me parecer una reflexión muy interesante.

La pornografía y los juguetes eróticos no tienen por qué ir de la mano. Quien quiera disfrutar de ambas cosas, fantástico. Y a quien solamente guste una de las dos cosas, fantástico igualmente.

¡Yo, como siempre, os sigo lanzando propuestas!

¡A disfrutar!