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Consejos

Cuánta refrigeración necesita realmente la batería de un coche eléctrico en verano

La temperatura ambiental y el calor generado durante la carga rápida condicionan directamente la potencia, la velocidad de recarga y la vida útil de las celdas de ion-litio

Cuánta refrigeración necesita realmente la batería de un coche eléctrico en verano

Cuánta refrigeración necesita realmente la batería de un coche eléctrico en verano / ANGEL GARCIA

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Fernando Álvarez

Fernando Álvarez

Madrid
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La batería de un vehículo eléctrico no opera como un simple depósito de energía, sino como un reactor electroquímico cuya eficiencia depende de una ventana de temperatura muy concreta. Las celdas de ion-litio ofrecen su rendimiento óptimo y garantizan su durabilidad entre los 15 °C y los 35 °C. Fuera de este rango, la batería continúa funcionando, pero su rendimiento disminuye y se aceleran los procesos de degradación química.

A bajas temperaturas, el electrolito se vuelve más denso, la resistencia interna aumenta y el sistema limita la potencia de recarga para evitar la acumulación irreversible de litio en el ánodo. Sin embargo, el principal problema durante los trayectos veraniegos radica en el calor excesivo.

Por encima de los 35 °C, las reacciones químicas parásitas que degradan las celdas crecen de forma exponencial. Diversos ensayos de caracterización muestran que celdas almacenadas durante 300 días sufren una pérdida de capacidad del 4,8% a 10 °C, del 6,5% a 25 °C y hasta del 13,3% a 45 °C, duplicando su envejecimiento en rangos térmicos elevados. Mientras que el frío ralentiza el sistema, el calor degrada la celda incluso con el coche parado.

El calor autogenerado y el desafío de la carga ultrarrápida

El calor que soporta la batería no solo procede del exterior; la propia celda lo genera durante su funcionamiento respondiendo a la ley de Joule, donde el calor disipado es proporcional al cuadrado de la intensidad de la corriente. Esto implica que incrementar la corriente de carga por un factor de 1,6 multiplica por 2,5 la cantidad de calor que el sistema de refrigeración debe evacuar.

Asimismo, la conductividad térmica de las celdas de ion-litio es sensiblemente inferior en sentido perpendicular al apilamiento, dificultando la transmisión del calor hacia las placas de refrigeración. Por su parte, las interconexiones eléctricas de los módulos generan en torno a un 20% más de calor que la celda de forma aislada, exigiendo un diseño integral del paquete de baterías.

Sistemas de gestión térmica activa

La adopción de la refrigeración líquida ha permitido reducir hasta un 90% la resistencia térmica interna en comparación con los sistemas pasivos por aire. Para optimizar el consumo energético del propio vehículo, los sistemas térmicos modernos alternan el uso de radiadores convencionales con el aire de marcha cuando la exigencia es moderada, activando el circuito de refrigerante cuando la temperatura se eleva considerablemente.

La gestión térmica inteligente utiliza la información del navegador de a bordo para prever la demanda energética del trayecto en función de la orografía, la velocidad media y las paradas de recarga planificadas. De este modo, la batería ajusta su temperatura de forma preventiva antes de llegar al punto de carga, manteniendo la curva de potencia máxima sin poner en riesgo la integridad del sistema.

Medidas de uso recomendadas

Aunque la gestión electrónica del vehículo controla de forma automática la temperatura, existen hábitos de uso que reducen el estrés térmico en trayectos veraniegos. Resulta aconsejable estacionar a la sombra para evitar la radiación directa sobre el paquete de baterías y preclimatizar el habitáculo con el coche conectado a la red eléctrica antes de iniciar la marcha.

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